XLVII - Un Amor Inesperado

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Un día llegó sin avisar, se dirigió a mi corazón con una delicadeza que me distrajo las penas y no lo pensé para dejarle pasar

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Un día llegó sin avisar, se dirigió a mi corazón con una delicadeza que me distrajo las penas y no lo pensé para dejarle pasar.

Ofrecerle sitio en mi mundo ha sido lo más hermoso de mi vida, porque en ese momento, con una decidida pero dulce actitud, también me dió lugar en el suyo.

Cuando le vi por primera vez, sus ojos cafés me invitaban a admirarles, y su tímida mirada se encontraba con la mía.

Hubieron momentos de silencios donde todo lo que podía escuchar eran campanarios a lo lejos, en ese momento supe que quería tomar su mano y.. me enamoré.

Me enamoré perdidamente de quien con su sencillez me hizo sentir el ser más afortunado y especial de todos, alguien que con su existencia me hizo querer cambiar los planes.

Ella logró derretirme con cada mirada y me hizo soñar despierto con aquellas caricias que curaban mis inseguridades. Tuvo la osadía de entrar en mi corazón, y su atrevimiento me gustó de tal manera que le ofrecí morada.

Me dió besos con sabor a destino que me hacían desear muchos más. Con cada dosis de su cariño, me volví más adicto, y sus abrazos me incitaban a quedarme de por vida. Hoy los suspiros ya no me alcanzan para expresar cómo me siento cuando no estoy a su lado.

Me enamoré de quien sacó a relucir la mejor versión de mí, de quien me dió aquel momento perfecto con el que todos sueñan y pocos tienen.

Ella es la niña de mis sueños, mi rosa de la primavera, la inspiración de mis poesías, y a quien siempre le pertenecerá una parte de mí.

¡Aquel amor inesperado no se repite dos veces de la misma manera! Por eso el cariño que se da y se siente es irreversible. Por eso le admiras, por eso es único, y por eso jamás tuvo, no tiene, y nunca tendrá reemplazos ni competencias.

 Por eso le admiras, por eso es único, y por eso jamás tuvo, no tiene, y nunca tendrá reemplazos ni competencias

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