ZOE
Lentamente abrí mis ojos rememorando los acontecimientos de la noche anterior, y pensando en la suerte que tengo de haberme encontrado con alguien como Perseo... estoy seguro que cualquier otro se hubiera aprovechado de la situación para intentar algo... pero él me había respeta demasiado como para intentar siquiera abrazarme. Y eso me gusto... y mucho. No sabía cómo describir lo que se estaba gestando en mi interior, tal vez solo era admiración por la persona que me salvo de algo tan aterrador que no quiero ni nombrarlo.
Pensé que aún me encontraba recostada en el pecho de Perseo cuando empecé a mover mi mano y toparme con algo frio y demasiado duro como para ser el pecho de Perseo: Su escudo. Abrí mis ojos finalmente... el sol aún no había salido del todo, apenas estaban asomando los primeros destellos de luz. Busque con la mirada para todos lados... las brasas estaban por apagarse y solo el humo del fuego muerto me acompañaban. Pero él no estaba por ningún lugar, tampoco estaba su alforja ni el odre de agua... Él no se iría... no... el no haría eso... no después de anoche... de haberla pasado tan bien.
— ¡Hey! Despertaste — salte de mi lugar asustada por la voz de Perseo. Quien me sonreía mientras dejaba el odre y un par de frutos en su aljaba.
— Dioses Perseo me has asustado — estaba estática mientras lo observaba que continuaba con sus funciones.
— ¿Me extrañaste? — lo dijo con tanta naturalidad que no se dio cuenta del efecto de sus palabras, baje mi cabeza con las mejillas que me ardían y mis manos transpiraban... no sabía que responder a eso.
— Yo pensé que te había ido — dije casi con vergüenza de que pensara que aun desconfió de su honestidad.
— ¿Porque haría algo asi? — pregunto un poco confundido y diría yo hasta herido. Sera que puedo decir algo que no provoque algo asi en él?
— No se... no vi tu alforja... ni el odre... supongo que me asuste... es tonto — escupí todo lo que tenía dentro con un suspiro derrotado, realmente era tonto pensar que pudiera dejarme a la deriva.
— Está bien... Zoe yo... — dejó de cortar las frutas por un momento y se quedó inclinado sobre una rodilla pensativo. Pensamientos indescifrables pasaban por su mente haciendo que sus expresiones cambiaran a cada instante.
— Perdón... — susurre pensando que no podría oírme, pero si lo hizo.
— No... no... yo entiendo... es solo que yo no haría nada para lastimarte — me sonrió un poco, pero no demasiado como yo esperaba que lo hiciera por decir algo tan gentil como eso.
— Lo sé... pero ahora que sé que no estoy sola... tengo miedo de que no dure — el destino jugaba conmigo para no dejar que nada en mi vida durara o suficiente como para disfrutarlo.
— Zoe... yo soy un soldado... y como tal tengo una obligación... lo sabes — cuando dijo la palabra obligación se me vino a la cabeza lo que me hablo sobre que los persas querían invadir las ciudades griegas. Significaba que Esparta estaba entre ellas y que él tendría que pelear, y que por consiguiente podría morir... y yo... yo no sé qué haría si eso sucediera.
— Lo se... y eso me da miedo — le confesé que no podría pensar siquiera en la idea de que sus obligaciones me separaran de él.
— Pero puedo prometerte que estaré contigo — había algo escondido en sus palabras que no podía leer... una inseguridad... algo que tal vez no quería decirme.
— Gracias por cuidar de mi — le sonreí a medias, mientras el no supo que decir... solamente agarro el odre de agua.
— Traje agua fresca para que te laves — me lo entrego para poder seguir picando las frutas.
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Un héroe de otra época
RomancePerseo es un hijo de Poseidón que no sabe que lo es hasta que la guerra esta por llegar a Esparta. Su padre idea un plan para salvarlo de lo inevitable y preservarlo para el cumplimiento de la profecía. El corazón del héroe se queda prendado de una...