Froté mis manos entre sí, me coloqué la capucha mejor a la espalda y me subí los pantalones para ir algo más decente y que no se me viera tanto los calzoncillos. Di unos saltitos para relajarme, agitando mi cabeza levemente de un lado a otro para despejarme y agite mis manos al mismo tiempo. La gente me estaba mirando mal, sí, es que estaba haciendo esto en mitad de la calle. Pero era por una buena razón, estaba esperando a que saliera. La había visto desde la ventana lista para salir. Además, a estas horas de la tarde siempre salía a no sé donde, esperaba haber acertado y poder encontrármela. Hacía días que no coincidíamos desde que me atreví a hablarle. Fui muy tonto de no pedirle el número de teléfono pero… ¿Por qué necesitarlo si vive en la finca de al lado y podría encontrármela cualquier día? Pues no, no era tan fácil. Además de que tampoco habría estado bien decirle: “¡Hey! ¡Hola! Soy tu vecino, ¿qué cómo lo sé? ¡Te espío por una ventana! ¿Ah que es gracioso?” Pues seguramente para ella no lo sería, se cagaría en mí lo más probable.
Oí que la puerta de su portal se abría, alcé la vista pero era una abuelita que estaba saliendo. Fruncí el ceño, ya agobiado y me coloqué bien la chaqueta de nuevo. Tenía que evitar tocar mi pelo. Sin pensarlo mucho más, me acerqué a la puerta, ya que la abuela tenía problemas para salir. Le sujeté la puerta y ella salió, sonriente y agradeciéndome la ayuda. Entonces la abuela, sin moverse del sitio y yo aún aguantando la puerta, se giró sobre si misma y miró al interior.
–Vaya, hola pequeña. Que guapa estás.
–Gracias señora Martínez.
Al oír su voz, giré el rostro y la vi en la entrada, saliendo sin dejar de mirar a la abuela. Entonces se dio cuenta de que estaba allí, bueno, para no verme, la puerta era de cristal y los bordes de metal.
–Vaya… Hola.
¿Estaba nerviosa? No dejaba de mirarme con rostro perdido, pero de repente me sonrió tímida y al mismo tiempo agradable. Y lo peor es que la abuela seguía allí, pero yo no podía dejar de mirarla callado, con la boca entreabierta y mirándola de arriba a bajo. Iba con un sueter fino gris y una faldita muy corta rosa pastel, para acabar con unas converse blancas.
– ¿Os conocéis?
–Oh, sí –contestó ella. Yo estaba recuperándome.
– ¿Habéis quedado?
Vaya abuela más entrometida era esta mujer. Carmen torció el gesto, mirándome de reojo y yo me encogí de hombros, sonriendo tímidamente. Ella se adelantó y cerró la puerta, colocándose a mi lado con indirecta de que ya podía soltar la puerta. Para cuando la cerró, se colocó bien el bolso que llevaba en el hombro y encaró de nuevo a la abuela en frente de mí.
–Realmente no, ha sido una casualidad.
–Bueno, pues ha sido todo un caballero.
Entonces me miró la abuela, sonriente. Yo en respuesta solo pude meter las manos dentro de los bolsillos del pantalón y balancearme un poco sobre mis pies.
–No ha sido nada.
–Hasta otra señora Martínez.
–Sí, sí pequeña.
Y finalmente se marchó, a paso lento, pero se marchó. Para cuando se fue, Carmen dejó de mirar a la abuela, nos habíamos quedado haciendo lo mismo, mirar a la vieja. Se encaró a mí y entonces se empezó a reír. Yo no pude más que reírme con ella y rascarme la nuca.
–Que agobio de mujer. Tranquilo, siempre me hace lo mismo cada vez que me ve. Te ha tocado tener que aguantarla, va más lenta que una tortuga.
–Sí, ha sido bastante raro…
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Serendipia (Fanfic elrubius)
FanficUna serendipia es un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta. También puede referirse a la habilidad de un sujeto para reconocer que ha hecho un descubrimiento importante aunque...