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A la mañana siguiente, la abuela Rosa, estaba en la cocina amontonado la basura para sacarla, pero estaba muy pesada.
–¡Miguel!, ¡Nora!, saquen la basura, por favor. – gritó Rosa, con la basura en mano.
–¡Ya vamos, abue!– gritó en respuesta Miguel.
El pelinegro, sacudió a la castaña para despertar, pero a cambio recibio un manotazo.
–¡Auch!, ya despierta apestosa, vamos a sacar la basura– exclamó Miguel a su prima, a lo que ella despertó medio adormilada.
–Perdón, ya te alcanzo. – dijo Nora calzandose sus converse.
Viendo salir a su primo por la puerta, ella se levantó y se arregló el cabello en el espejo colocándose una sudadera.
Ella también salió por la puerta, tomó la otra bolsa de basura, ya que habían dos y la otra ya la había tomado Miguel, además de salido por la puerta.
Al salir Nora también con la bolsa de basura pesada, visualizó al señor rubio hablando con Miguel, luego de que el pelinegro acabará de tirar la basura, y se apresuró a botarla también rápidamente, hasta quedar aún lado, pero no tan cerca, aunque podía escuchar.
–Si tomas este camino, no hay vuelta atrás. – dijo el rubio.
–¿Sera mi maestro de Karate? –preguntó Miguel, un poco entusiasmado.
–No. Seré tu sensei– contestó el señor rubio.
A lo que Miguel sonrió sin mostras los dientes, y Nora quedó con la boca abierta del asombro, botó de una vez por todas la basura la castaña, luego el señor rubio se marchó.
–¿Miguel estas loco? –preguntó confundía la castaña.
–¿Qué? No. Él al parecer me enseñará– dijo como en un trance.
Nora chasqueó los dedos enfrente de la cara de Miguel.
–¡Ey!, despierta de tu ensueño, piraña– dijo burlona, para luego soltar una carcajada la castaña.
Después de terminar con las bolsas de basura, volvieron al apartamento.
(...)
Al día siguiente, Miguel salió temprano a entrenar con el señor rubio, sería su primera clase oficial, según le comentó a Nora.
Así que Nora tambien lo seguiría para obtener ella tambien esas dichosas clases de karate.
Y con éxito lo logró, lo siguió hasta ese dojo. Ahí los vió, parados uno frente al otro, el rubio vestido con un gi negro y Miguel con ropa de gimnasia o cómoda diría Nora, así que tomó valor la castaña y entró.