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A medianoche, el sensei los llevó a unas piscinas, Miguel y Nora tuvieron que mentir y decir que irían a una fiesta y que volverían a la madrugada.
Ya en el lugar estaba un tanto oscuro, y ellos vestidos con ropas de deporte.
-Sensei, ¿que hacemos aquí?-preguntó Nora
-¿Y a medianoche? ¿Esta seguro que podemos estar aquí?- preguntó en seguida Miguel.
-Sí, no se preocupen, el conserje es mi amigo.-
Miguel y Nora se observaron para luego ambos suspirar y decir "bien".
-¿Ustedes son mellizos?¿Verdad? -preguntó el sensei.
-¡No!- dijeron al unísono.
-Somos primos. - respondió Nora y el sensei Lawrence solo asintió.
-Bien, muestren me sus manos- dijo el sensei mientras ataba las manos de Nora y Miguel con cuerdas individuales.
-Oiga ¿qué hace? -preguntó el pelinegro confundido.
-¿Nos secuestrara? - preguntó Nora.
-Cuando están en una pelea, sus primeros instintos son usar las manos ¿cierto? Deben olvidar eso y pensar con las piernas. - dijo el sensei dejándolos confundidos.
-¿Y cómo pensamos con las piernas? - preguntó Miguel.
El sensei los observó a ambos.
-Bueno, solo..- y empujó derrepente a ambos a la piscina con las manos atadas.
Y cayeron a la piscina, con un golpe sordo, Nora y Miguel de observaron a través del agua preocupados mientras forcejeaban para salir a la superficie por oxígeno.
-Usen las piernas, salgan pateando. - se podía escuchar al sensei gritar fuera de la piscina.
Miguel cerro los ojos, mientras expulsaba una gran cantidad de oxígeno, y Nora solo observaba hacia arriba para poder salir, pero no eran capaces.
-Maldición.- se oyó pronunciar al sensei Lawrence, para luego sacar a ambos por el cabello para que pudieran respirar un poco.
La castaña tosío sacando el agua atascada en sus pulmones, y el pelinegro soltó una bocada de aire.
-Me ahogo... -puedo pronunciar Miguel, mientras Nora jadeaba por el esfuerzo de toser agua de sus pulmones, tratando de tomar oxígeno.
-Ahogarse es de niñas, ¿entendido? no sean unas niñita, vamos, usen las piernas. - dijo el rubio, para volver a dejarlos caer en la piscina.
Esta vez como pudieron ambos trataron de patear para salir a la superficie.
-Debí preguntarles si sabían nadar. - dijo el rubio, para volver a sacarlos.