Seis meses después.
—Te veré en tus pesadillas, gato—.
Uraume pronunció entrecortadas sus últimas palabras, para luego desplomarse sin vida en el suelo.
—¡Ah! ¡Sukuna!—.
Megumi despertó sobresaltado y se levantó rápidamente para sentarse en la cama, mientras que gritaba de pavor y las gotas de sudor se deslizaban por su frente.
—¡Megumi! ¿Qué sucede? ¿otra vez?—.
Sukuna se despertó de inmediato al escuchar el temeroso grito del azabache y se sentó para abrazar con fuerza el tembloroso cuerpo de éste e intentó calmarlo con suaves caricias.
—Sí, esa mujer apareció de nuevo...—.
—Tranquilo, de ahora en adelante no podrán hacerte daño ella ni nadie—.
Megumi sintió alivio cuando escuchó los susurros consoladores de su alfa, al igual que se sintió seguro con las ásperas manos que acariciaban su cabello y espalda, por lo que se presionó aún más contra el pecho de Sukuna para recibir aquella reconfortante calidez que tanto adoraba.
Habían transcurrido seis meses desde que ocurrió aquel suceso donde había sido secuestrado y torturado, donde su alfa casi pierde la vida y donde asesinó por primera vez a alguien con sus propias manos. De hecho, Uraume acertó cuando predijo que esa sería su última tortura; cada noche, aquella mujer aparecía en sus sueños como una pesadilla, causando que recordara con explícitos detalles las horribles escenas que acontecieron en esos días traumáticos.
Así que básicamente, podría decir que desde hace meses atrás, Uraume se había convertido en un demonio que visitaba sus sueños cada noche para atormentarlo, por lo que siempre despertaba empapado de sudor y temblando de pánico al finalizar cada pesadilla. Sin embargo, estaba realmente agradecido de tener el apoyo y el consuelo de Sukuna, porque ayudaba a sacarlo de la burbuja de desesperación en la cual se encarcelaba cada vez que soñaba horriblemente.
—Lo sé, pero cuando pienso que las pesadillas finalmente se han acabado, a veces regresan con mucha más fuerza y siento que caeré en la locura sino se detienen—.
—No pienses tanto en ello, recuerda que la curandera advirtió que no deberías sufrir estrés ni estar bajo presión porque podría provocar malestar en tu embarazo—.
Sukuna mencionó y situó una mano sobre la panza notoriamente abultada de Megumi para acariciarla con lentitud, mientras que una sonrisa se dibujaba en su rostro cuando sintió a través del tacto unos ligeros movimientos y unas pequeñas patadas.
—¿Ves? Los bebés están de acuerdo en que papá gatito, debe relajarse—.
Megumi soltó una carcajada al escuchar las tiernas palabras de su alfa y retiró su rostro del pecho marcado para observar con diversión los ojos escarlatas de éste.
—Claro que no, los cachorros están inquietos porque tienen antojos de comer helado de vainilla con galletas de chocolate—.
Megumi expresó con una excesiva dulzura, al mismo tiempo que formaba un adorable puchero en sus labios para lucir extremadamente tierno y lindo ante la mirada de su alfa, y así conseguir su deseado capricho.
—¿Helado con galletas? ¿dónde se supone que conseguiré helado con galletas a las cinco de la madrugada?—.
Sukuna preguntó agotado debido a que los antojos madrugadores de Megumi siempre resultaban difíciles de complacer. Durante aquellos seis meses, tuvo que salir todas las madrugadas en busca de la comida que solicitaba su minino; el verdadero problema era cuando llegaba a la habitación con las bandejas en manos y el azabache repentinamente, cambiaba de opinión o en la mayoría de las ocasiones encontraba a éste durmiendo plácidamente.
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SAVAGE EYES (SukuFushi)
Fanfic"Como un pequeño gato perdido, entrando a la boca del tigre salvaje y depredador sin siquiera saberlo, todo como consecuencia de querer jugar. Así sería, ambos jugarían en esa noche fría y la luna sería testigo de aquellos amantes explorando sus cue...
