Megumi despertó del sueño profundo en el cual se había sumergido y abrió lentamente los párpados para asimilar el entorno de su alrededor. La primera persona que se mostró enfrente de sus ojos marinos fue Sukuna, quien observaba su rostro con una mirada repleta de alivio y llevaba un semblante extraño que expresaba dulzura.
—Buenos días, gatito dormilón—.
Sukuna susurró con una voz grave y ronca, mientras que acariciaba los cabellos azabaches de su minino y provocó que éste soltara lindos ronroneos.
—¿Es de día? ¿por cuánto tiempo he dormido?—.
Megumi preguntó adormilado y aclaró su garganta para disipar la ronquera de su voz e igualmente, aceptó con mucho gusto los mimos de su alfa, quien se encontraba sentado en la orilla de la cama.
—Un día entero, pero afortunadamente están bien—.
Megumi frunció el ceño cuando Sukuna habló en plural la última frase de la oración y su extrañeza creció aún más, cuando sintió la mano de éste acariciando delicadamente su vientre.
—Sukuna ¿qué sucede?—.
El alfa tigre abrió la boca para responder aquella pregunta, pero sus palabras fueron interrumpidas debido a la abrupta llegada de su curandera de más fiel confianza; la misma mujer que se había encargado de salvar su vida cuando se encontraba batallando contra la muerte.
—Disculpen la interrupción, pero como el joven Fushiguro por fin ha despertado, debo comenzar a realizarle algunos chequeos para cerciorarme de que su salud se encuentre bien; así que apártate animal—.
La mujer que llevaba en su rostro unas ojeras muy pronunciadas y marcadas, expresó aquella oración con desdén e indiferencia hacia el molesto tigre de ojos escarlatas.
—Cuida tus modales, Shoko. El hecho de que hayas salvado mi vida no significa que tendré tolerancia a tus imprudencias, así que ten respeto hacia mí o comeré de almuerzo a tus bastardos—.
—¡Sukuna! ¡¿de qué hablamos antes?!—.
El alfa tigre gruñó amenazante para defender su autoridad como líder; sin embargo, la voz enojada de su precioso minino hizo que callara de inmediato sus palabras, por lo que se obligó a apartarse de la cama para que la mujer se acercara al azabache.
—Vaya, vaya ¿quién diría? "Domesticado está el león" o en tu caso, el tigre—.
Shoko se burló de su líder descaradamente y sin temor alguno gracias a que gozaba del privilegio de actuar, y expresarse como quisiera debido al hecho de que era la curandera mejor adoctrinada y especializada del Clan Ryomen.
—Te advierto una vez más, cierra la boca y respétame—.
Sukuna gruñó refunfuñando entre los dientes, pero manteniendo su cordura para evitar ser regañado por Megumi.
—¿Respeto? Por favor, casi le provocas un aborto espontáneo a tu pareja, así que no seas tan doble moral, reverenda bestia—.
—¡¿Qué?!—.
Megumi exclamó perplejo y buscó con la mirada a Sukuna para reclamar respuestas; sin embargo, éste último solo se dedicó a evadir sus penetrantes ojos mientras fingía que observaba a otro lado.
—Estás embarazado, Megumi. Aproximadamente, un cálculo de cuatro o cinco semanas de gestación—.
Shoko explicó con tranquilidad, al mismo tiempo que abría un maletín que contenía en el interior unos remedios medicinales para el consumo del azabache.
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SAVAGE EYES (SukuFushi)
Fanfiction"Como un pequeño gato perdido, entrando a la boca del tigre salvaje y depredador sin siquiera saberlo, todo como consecuencia de querer jugar. Así sería, ambos jugarían en esa noche fría y la luna sería testigo de aquellos amantes explorando sus cue...
