1 . 𝐸𝑙 𝑐𝑜𝑚𝑖𝑒𝑛𝑧𝑜

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–Este es el quinto en desaparecer, este año. Igual que los demás, no hay pistas de su paradero... Y si la cosa continúa así, probablemente pronto se convoque a una junta internacional.

Dentro de la oficina de Xiao Qiang, se desarrolla una conversación importante. No solamente están discutiendo algo que les compete a ellos –su secretario y él–... también, se trata de la seguridad de su hijo: Xiao Zhan.
Cualquiera podría esperar que, a esas alturas de la noche, habría la privacidad adecuada para conversar el tipo de temas que incluyen desapariciones, muerte, complots y constante preocupación por salvaguardar a los suyos... pero no es el caso de los Xiao.
Los Xiao, una familia de políticos que aspiran al puesto de gobernanza en China.

Esta pequeña familia de solo dos integrantes, tuvo la mala o buena suerte... de tener a alguien tan obstinado como Xiao Zhan escuchando la conversación en contra de los deseos de su padre. No era porque le interesara, en realidad. Él... tenía otros planes.
A diferencia del adolescente promedio que por las altas horas de la noche, estaría listo para ir a dormir... él estaba vestido con una camiseta oscura, pantalones y chaqueta de mezclilla.

Ah, sí. Es justo lo que estás pensando. Si quería salir hoy, debía saber que tan distraído estaba su padre para poder escapar tranquilamente.

Desde la perspectiva del joven Xiao, puede escuchar de un momento a otro como su padre suspira con frustración y arroja la pila de papeles sobre su escritorio cuando se levanta, arrastrando la silla detrás de él. Xiao Zhan retrocede un poco por acto reflejo, pero enseguida se calma.

No se pueden ver, porque él está detrás de la puerta con la oreja pegada a la madera, esperando...

Xiao Qiang se deshace el nudo de la corbata de un jalón, estresado. –No es para menos. Esta situación no se había presentado nunca a tal magnitud. –tras un silencio, habla firme a la persona que está con él. Es su secretario, un joven de unos 30 y algo años. –Vigilen la habitación de Xiao Zhan durante las noches y acompáñenlo durante el transcurso del día. Nunca debe de estar solo, jamás. Siempre y cuando tengamos un ojo encima, no debería de ser tan peligroso.

Como dije, el adolescente promedio tomaría esa advertencia para dos cosas: averiguar que es de lo que están hablando y, de paso, descartar la idea de escapar en la noche para ir a una fiesta del colegio.
Pero Xiao Zhan no está dentro de la población adolescente promedio.

Tan pronto como escucha esas palabras, sus piernas retroceden en automático. Aprieta los labios y mantiene el ojo pegado a cualquier movimiento que hagan las sombras a contraluz dentro de la habitación... lentamente, abandonando su puesto de vigilancia.

"Oh... creo que esta es mi señal." Piensa, sonriendo malicioso. Aunque nadie puede verlo, todavía tiene el descaro de mover su mano con elegancia. "¡adiós, adiós!" y luego, como un gato en la oscuridad, comienza a huir.

Mientras corre a las escaleras, todavía puede escuchar algunos vestigios de voces a lo lejos dentro de la oficina.

–Entendido, señor. –contesta el secretario, Zai Feng.

Xiao Zhan ya ha comenzado a descender las escaleras con una gracia de gato nocturno, cuando de pronto la voz de su padre hace que se detenga... por curiosidad. Sus ojos se pierden en un punto de la pared, pensativos, cuando lo escucha.

–La situación también parece idónea para llamarlos a ellos. Después de todo, ¿no es este su trabajo? Deberíamos de hablarlo en la junta y...

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