4. 𝐿𝑎 𝑐𝑒𝑛𝑎

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La vida después de ascender ha consistido en una rutina para Wang Yibo. De modo que, todos los días suelen ser exactamente los mismos para él con pequeñas variaciones. Nunca creyó, por lo tanto, que hubiera que acostumbrarse a nuevas cosas. Porque era innecesario.

Pero desde que entró a trabajar haciéndose pasar por un común y corriente guardaespaldas... sus días perdieron toda clase de rutina.

Para sumergirlo en una vorágine de locura y desesperación total.

Durante sus miles de años como inmortal caminando por tierras, navegando por mares y volando por cielos... jamás había sido capaz de enfrentarse a un monstruo de este calibre. Nunca en su existencia, creyó que pudiera existir una clase de obstáculo así.

... Hasta que pasaron 3 días y 4 noches vigilando a Xiao Zhan.

La primera vez, después de su ronda nocturna había subido a la habitación del chico. Camino por el pasillo, que todavía era escasamente iluminado por la luz lila del amanecer. Quieto frente a la puerta de madera, tocó 3 veces.

Y no hubo respuesta, tal y como supuso en su camino hasta ahí.

Volvió a intentarlo, hablando suavemente. –¿Xiao Zhan? –sin respuesta. Volvió a tocar. –Xiao Zhan, tu padre solicita que bajes para que tomes tus clases en la biblioteca. No quiere que estés encerrado en la habitación.

"Aunque es lo correcto... Creo que prefieres tú privacidad miles de veces." Dedujo, cuando nuevamente no hubo respuesta.

Primero creyó que se trataba de un berrinche. Luego, consideró la posibilidad de que se hubiera quedado dormido. Después de todo, él no podía ver al interior de las habitaciones, pero si el pasillo. No lo había visto salir. Quizás, seguía en brazos de Morfeo.

Entonces, abusando un poco de sus sentidos, apoyó la oreja contra la puerta de madera para detectar cualquier anormalidad del otro lado. Sin embargo, abrió los ojos sorprendido al no encontrar nada... ni si quiera una respiración acompasada.
Enseguida, entró ligeramente en pánico.

Tocó con más insistencia. –¿Xiao Zhan? –comenzó a preocuparse. –Xiao Zhan, esto no es gracioso. Si es una broma, detente ahora mismo. –demandó, ligeramente mortificado... pero, siguió sin tener respuesta.

Presa de ese silencioso pánico que comenzaba a corroerlo, se sintió contra la espada y la pared. Miró a la manija, considerando forzar la puerta para ingresar... porque es lo que un humano haría. ¿Él no estaba fingiendo ser humano después de todo?
Pero inmediatamente negó.

"No." Pensó. "Solo lo haría en caso de ser necesario." Y miró a todos lados, confirmando que no había nadie que pudiera observarlo. "... Pero como no es necesario, entonces usaré mis propias herramientas."

Así, se concentró. Sus ojos adquirieron ya ese característico tono blancuzco delirante cuando los volvió a abrir. Y entonces, fue cuestión de que sus dedos tocaran la superficie de madera para que se fundiera en esta... y fuera capaz de atravesarla hacia el otro lado.
Cuando apareció en el interior de la habitación, sintió toda clase de emociones.

Primero porque efectivamente, él no estaba ahí. Segundo, porque había entrado a su habitación sin permiso...

–No es momento para que te concentres en eso. –se regañó. Luego, comenzó a inspeccionar los alrededores, comenzando a sentir una extraña picazón en las palmas de las manos.

Revisó en el extenso cuarto, solo topándose con pinturas, dibujos, pinceles, lápices, cuadros... pero no había un solo rastro del adolescente. Eso comenzaba a despertar sus instintos primitivos. Con una velocidad impropia del ser humano, tomo aire profundamente y salió de un desliz atravesando la puerta de la habitación envuelto en sombras.

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