Capítulo .8.

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Alberto y yo regresamos unas horas después, aún era de noche, las nubes podrían cubrir una parte de la brillante luna, nuestros pasos se podían escuchar entre las calles vacías del pueblo

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Alberto y yo regresamos unas horas después, aún era de noche, las nubes podrían cubrir una parte de la brillante luna, nuestros pasos se podían escuchar entre las calles vacías del pueblo.

— ¡¿Encontraste a un Kraken?!

— ¡Si! ¡Él casi me come! ¡Pero fuí más ágil y logré derrotarlo! — El chico hacia movimientos mientras hablaba

Me asombraba cada cosas que decía, poder tener la oportunidad de nadar por todo el mar como quieras, y explorar cosas que nunca el hombre ha visto jamás, es simplemente fantástico.

— Dime, cómo es Génova — Pregunto el mientras caminaba

— Es una ciudad muy hermosa y colorida, hay algo llamado Focaccia genovesa, es algo así como un pan, es delicioso — Hablé mientras imaginaba la rica comida — .

— Crees. . . Que algún día podría ir. . . Ya sabes. . . A visitarte ¡Claro! Solo, solo si quieres — Menciono el mientras movía sus manos con nerviosismo — .

Le sonreía con ternura — Claro que si,  me encantaría, es más puedes quedarte ¡Y así podré enseñarte todo!

Él volteo su mirada con una mano en su cuello, indeciso de sus palabras, habló.

— Yo. . . Bueno. . . Sería lindo, aún no sé si el mundo me acepte, sabés, hay personas muy malas ¿Te imaginas si la gente en la ciudad descubriera quien soy?

Mis cejas se arrugaron, claro, algunas personas no lo aceptarían, pero se que si tiene amigos verdaderos, nada cambiará. Cambie de tema con rapidez, no quería que él pensara tanto en eso, mucho menos de que esa sonrisa desaparezca. Alberto y yo seguimos el camino hasta mi casa, el decidió que el resto de noche la pasaramos juntos, para poder terminar el último día de mi estadía con alegría.

Los rayos del sol pasaban tras mi ventana, me arrodillé en mi lecho, para poder dejar mis cortinas abiertas, abrí la abertura procediendo a cruzar ambos brazos encima de la madera de ahí, colocando así mi mentón en ellos, el viento acariciaba mi r...

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Los rayos del sol pasaban tras mi ventana, me arrodillé en mi lecho, para poder dejar mis cortinas abiertas, abrí la abertura procediendo a cruzar ambos brazos encima de la madera de ahí, colocando así mi mentón en ellos, el viento acariciaba mi rostro, los brillos del bello sol pasaban entre los árboles que ahí se encontraban; mi vista se fue aquella isla, dónde en esos pocos momentos que tuve la oportunidad de ir llenaron mi mente de una alegria y recuerdos que recorrieron mi mente, respire profundamente, me estire, para así poder voltear y dejar que mis descalzos pies tocaran el suelo, mi maleta ya estaba lista y mi uniforme estaba en un gancho detrás de la puerta, lo tome, y con tristeza, lo deje encima de la cama.

𝘼𝙢𝙤𝙧𝙚 𝙈𝙖𝙧𝙞𝙣𝙤 [Alberto y Tu] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora