Sí.
Todo iba excelente. Un viaje que aún no terminaba de comprender Maya pronto tendría inicio.
Lo único que les daría luz verde serían los estudios del nuevo medicamento.
Estaban sentados en la oficina de Ethan, Saddie, Stacy y Maya, el único sonido que inundaba a la habitación era el tictac del reloj que estaba ahí dentro.
El pelirrojo sobaba la mano de la morena, como si eso fuera una clase de tranquilizante. No llevaba su bata de doctor, iba vestido normal, con un suéter azul marino, unos pantalones de color beige y su peinado de siempre.
Dios es que simplemente para ella era imposible creerse que tenía a un hombre como él a su lado.
Sus ilusiones se bloquearon cuando Stevens entró con varios folders en las manos.
Todos se acomodaron en sus asientos tomando posturas nerviosas y serias al mismo tiempo.
El doctor los abrió y empezó a hojearlos.
—La propuesta del medicamento fue aceptada—les dijo sonriendo— Pueden iniciarse lo nuevos tratamientos.
Sus cuerpos se hicieron más ligeros como globos que despiden lo que les queda de aire. Ethan echó su cabeza hacia atrás, dejando ver su hermoso ángulo de belleza hacia Maya.
Después le besó la mano que acariciaba.
Honestamente Maya estaba demasiado contenta para memorizar todas las indicaciones que Stevens decía.
En ningún momento soltó su agarre del de Ethan.
Llegando a casa, se sentaron a planear sus próximos movimientos.
Sería una semana algo atareada, de esas dónde vuela el tiempo.
Se perdía tratando de memorizar cada detalle de él.
Involuntariamente ella paseaba su mano por su cabellera pelirroja y desprendía un olor particularmente adictivo.
—Nos vamos el Viernes después de tu consulta—dijo Ethan viendo unas cosas en la computadora.—Ya está todo lo demás.
Ella sólo asintió con la cabeza.
Solo era silencio.
Un viaje con él.
Se miraron y sus almas se volvían a conectar.
No se escuchaba, pero siempre sonaba como cuando algo encaja a la perfección con algo más.
"Click"
Los dos lo sentían.
Disfrutar otros lugares que ella no había pisado sólo en sus sueños a su lado.
Compartir sus ilusiones con él...era otra cosa que no sabía cómo describir.
Todo iba bien los primeros cuatro días.
Iba
Justamente el Jueves por la noche le dió una crisis de ideas negativas que le impidieron conciliar el sueño.
Se supone que tendría que estar contenta, no preocupada.
Estaba con sus rizos enredados entre su almohada y sus pensamientos. La mirada que tenía era pérdida hacia el techo, donde no había nada más que la lámpara apagada.
Quería viajar, y más con él. En su cabeza simplemente ya le habían dado la vuelta al mundo entero.
¿Qué tal que ella para él no significaba lo mismo?
Sería el ganador del Oscar a Mejor Actor.
¿Realmente ella valía mucho la pena para hacer eso?
¿Y si moría en el viaje por cualquier circunstancia?
¿Sí sentían lo mismo?
¿Él tendría una idea de cómo para ella lo es todo? Literalmente.
Hablando en serio, Ethan era dueño de los pensamientos de Maya, de sus canciones que solo eran de ella y de nadie más.
En los sueños que aparecía, era el protagonista.
Se había vuelto adicta al contacto de sus manos y al sabor de sus labios.
Con ese fuerte aroma a Hugo Boss y el bicolor de sus ojos. ¿O eran tres?
Davis se lo había dicho bastantes veces que la amaba, y lo creía, pero a veces costaba. Y no por que fuera algo malo para ella.
Muchos creerán seguramente que es fácil aceptarlo.
Eso era algo que para Maya hace meses e incluso años significaba algo irreal y muy, muy lejano, y ahora que por fin lo vive, le cuesta trabajo asimilar que alguien como él la quiera tanto. Sin dudas es algo hermoso.
Tenía la garganta apretada, el llanto lo tenía atorado. Y los ojos fijos en la sólida obscuridad.
"El nos ama" "Sé que nos ama, ¿cierto?"
Ahora tenía otra preocupación además de sus tristes y podridos pulmones.
Y era igual de letal si algún día llegaba a romperse.
Incluso peor.
Él.
¿Valía la pena estar pensando todas esas mierdas un día antes de todo?
No supo en qué momento se quedó dormida, ni tampoco cuando se secaron las pocas lágrimas que resbalaron a la almohada.
...
El nuevo tratamiento era igual, con nebulizador y sumando unas pastillas nuevas que de igual forma serían las nuevas amigas de la morena.
En todo el trayecto, no dijo nada, no se portó indiferente con Ethan, pero lo de anoche la dejó pensando mucho.
Callada, pensativa, incluso triste.
Tenía un dolor en el pecho y sabía perfectamente que no se debía a su respiración ni sus pulmones ; si no a lo que iba más allá de las ideas.
Terminando, a diferencia de los tratamientos anteriores no se sintió tan noqueada. Al contrario, más ligera.
Eso debía ser buena señal.
Salieron con camino hacia el aeropuerto, con sus maletas.
En todo el trayecto Maya y Saddie se la pasaron jugando, trataba de distraerse con la pelirroja que no dejaba que los malos pensamientos regresarán.
Ethan arreglaba unas cosas por teléfono sin despegarse de ellas.
¿Ya dije que Stacy los alcanzaría después?
Maya respiró hondo y se concentró en qué ese día sería parte de un antes y un después.
Para todo.
Anunciaron su vuelo y los tres hicieron todo el proceso de seguridad antes de subir.
Mientras se ponían de nuevo sus aretes, cinturones, collares y demás pertenencias, Ethan con delicadeza posó su mano en la barbilla de la rizada para que alzará la vista.
—¿Estás bien? Has estado un poco callada desde que salimos de casa—preguntó preocupado y con voz baja.
Una línea se dibujó en los labios de ella.
—Sí, todo bien. Es sólo que me costó trabajo dormir, es todo—mintió sonriendo.
El pelirrojo pareció no creerle, pero no quería incomodarla, así que se limitó a tomarla entre sus brazos y depositar un beso en su cabeza.
Y como si fuera un analgésico, el cuerpo de ella dejó de ser tenso y suspiró.
—Luego hablamos—le dijo él—Por ahora, subamos a ese avión.
Abordaron y buscaron sus asientos. Saddie pidió pasillo por si solicitaba ir al baño, era de vegija muy sensible. Ethan en medio y Maya en la ventana.
Antes de despegar, las manos de ella sudaban ligeramente, no es como que ella subiera a los aviones como a los taxis.
El movimiento empezó y ella se aferró como gato al asiento, Saddie por su parte usó el brazo de su padre como poste de luz, por si las dudas.
Davis entre risas las tomaba de la manos.
Disfrutaba tener a su hija de un lado y a la mujer más hermosa de la vida del otro.
Se les hizo un hoyo en la panza a los tres estando ya en el aire.
Maya pudo tranquilizarse sin soltar la mano de su novio.
—¿Mejor?
—Eso creo—respondió a la voz de Davis.—Espero que el aterrizaje sea más bonito.
Ambos rieron y él volvió a darle un beso, pero está vez en lo labios, lo cuál provocó que se sonrojará.
—Puedes dormirte un rato, será algo largo el vuelo...—aconsejó Davis.
Justo cuando Maya iba a contestarle la voz masculina del piloto inundó todo el avión.
—Queridos pasajeros, sean bienvenidos al vuelo A-140500 con rumbo a las hermosas playas Cancún en México.
Ya no había pensamientos malos en ese momento, él hacía olvidarlos y poner en su lugara mejor de sus sonrisas acompañadas de alegría.
"Él si nos ama"
Pensó antes de volverlo a besar.
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Aire || Ewan McGregor ||-Escribiendo
RomanceHa estado encerrada 20 años en una casa hogar dónde la ayudan a mantenerse viva físicamente. Sus rutinas diarias se limitan a pasear entre los jardines. Y cuando menos se lo espere él la sacará de ahí, para hacerla cumplir su lista de deseos dentro...
