Los papeles estaban regados en el escritorio de Davis y él daba vueltas alrededor de la habitación.
Stevens comenzaba a desesperarse.
—Ethan, detente—sentenció él—Me estás mareando.
El pelirrojo se pasaba las manos por el cabello. Habían mandado la solicitud para la prueba del nuevo medicamento que sería para Maya.
Ethan era un excelente médico, eso nadie se lo discutía, era Farmacólogo clínico, administraba los muchos medicamentos y normalmente se la pasaba en los almacenes y en los laboratorios para verificar que todo saliera al pie de la letra con nuevas fórmulas y parecido.
Él tenía trato directo con las farmacias o medios de distribución de medicamentos muy importantes , fue así como llego a la casa hogar ese día.
Recordaba que le llegó una orden con códigos médicos, dónde otro doctor pedía una cita con él por la falta de fármacos.
El motivo de su preocupación es que no sólo él, su equipo de trabajo y el de Stevens habían hecho un comunicado sobre la situación de Maya y la elaboración del nuevo medicamento con otro tipo de fórmula, esperaban respuesta y además someterían a la chica a una serie de estudios para descartar que se haya generado alguna complicación externa a la última recaída grave que tuvo.
—No puedo, perdón, pero realmente estoy muy nervioso—susurraba.
—La propuesta es fantástica, todo está bien planteado. ¿Qué es lo que te preocupa?
Los ojos de Davis estaban ligeramente húmedos.
Ni siquiera quería pensarlo de nuevo.
Pero era ella.
Se encontraba abajo tomando terapia,conectada al mismo aparato.
—Steve, tú eres neumólogo, tú la has visto—empezó—La última vez fue por poco un paro cardio respiratorio...
—Sí ya sé—lo detuvo su colega—Pero no puedo darte un escenario completo si no vemos los resultados de los estudios.
Una enfermera llegó con unas hojas las cuáles Stevens tomó y examinó.
No dijeron nada, Ethan se asomaba por encima como niño pequeño que mostraba curiosidad.
—¿Qué? ¿Qué dicen?
Su colega se alzó y suspiró para luego ver al pelirrojo.
—Dentro de un plazo de 1 a 2 semanas—dijo.
Tendrían que esperar.
Mientras tanto, en la parte de abajo, Saddie le contaba cosas irrelevantes y a veces tontas a Maya para que no se quedará dormida.
Su papá dijo que era normal por qué los medicamentos la estaban aturdiendo.
Ethan y Maya habían estado saliendo un poco, como algo más, las tomadas de manos eran ya tan naturales que ambos querían estar así todo el día.
Veían películas en el sillón con Saddie la mayor parte del tiempo.
Y de los picos no pasaban.
Recordarlo hizo que Maya soltará una risa baja.
—¿Te da risa?—se alteró Saddie—Aplasté a mi Hámster con la lavadora Maya, ese bono se salió y yo lo maté buscándolo.
—No es eso pecosa—seguía sonriendo ella—Me estaba acordando de tu papá.
Hubo un silencio partícular y Saddie acarició sus manitas, estaban algo frías,pero muy suaves.
—Maya—la llamó—¿Te gustan los aviones?
—¿Qué?
—¿Qué si te gustan los limones?
—Ahora que cosas dices—se carcajeó la morena—Se supone que yo estoy drogada.
—Me ofendes.
El tiempo acabó y le quitaron la mascarilla, todo le daba vueltas.
Mientras le quitaban lo necesario Ethan se hizo presente.
Le sonrió a Maya y ella le devolvió el gesto.
—¿Cómo te sientes?—preguntó el hombre
Maya tosió y se oía horrible, de tan sólo escucharla les dió escalofríos a Saddie y a su papá.
—Bien
Ambos creían que su sonrisa era la más tierna que el mundo jamás haya visto al dejar expuestos esos hoyuelos tan pícaros.
—Ya podemos irnos—dijo Ethan—¿Quieres caminar o te llevo yo?
—Me doy por bien servida si toman mis manos ambos. Oh–uh, hola Stevens. Que bien se ve hoy.
Pasaron los días y todo estaba tranquilo en casa, después de todo Maya regresaría a clases en Febrero.
Eran unas vacaciones ligeramente largas.
Era increíble como sus sentimientos iban en aumento y le encantaba más tenerla ahí en casa la mayor parte del tiempo. Ya no quería estar lejos de ella.
Por otro lado , los estudios comenzaban a darle jaquecas extremas a Ethan.
Andaba muy disperso en todo. Si había algo que le desesperaba, era que los resultados tardaban cierto tiempo. Y él los necesitaba ya.
Algo que lo mantenía fuera de la preocupación y enfocado 100% en Maya era la nueva operación.
Todo estaba listo. Cada detalle estaba cubierto.
Estaban recostados en el sillón, ambos yacían en el pecho del otro. Los ojos de Maya se cerraban al compás del pecho de él. Olía tan bien que era un deleite y no pensaba moverse de ahí jamás.
—¿Ahora que quieres ver?—preguntó el hombre estirándose en su lugar.
Maya lo imitó, pero no contestó y solo se perdía en el azul profundo con relieves grises de sus ojos. Amaba que él se percatara como lo veía, porqué sonreía tan natural que sus ojitos se hacían más divinos.
Ella le dió un pequeño beso en los labios, seguía sin contestar.
—Así estoy bien, por ahora.—enfatizó en la última parte de la oración.
—¿Por ahora?
Maya se limitó acariciar su mentón. Y es que los momentos como ese le daban más vida de lo que ella sentía que ya no tenía.
Ethan se dejó llevar y por inercia junto la punta de su nariz con la de ella, estaba ligeramente fría, un imán, un botón, un movimiento hizo que su piel se pusiera alerta a los finos dedos de Maya que paseaban tras su nuca.
Ese sentimiento jamás se había hecho presente en él.
Sólo la besó, pero se dedicó a pasarle esa sensación a ella a través de esos besos tiernos con electricidad.
Se detuvo con una fina sonrisa.
—Tengo que darte algo—le dijo—Una sorpresa.
Las cejas de Maya hicieron un arco de interés ante eso y se levantó del sillón, pero Ethan la sentó de nuevo.
—¡Oye!
—No, tú te quedas aquí
—Que tramposo
Ethan se agachó para estar a su altura.
—Cierra los ojos—susurró al tiempo que Maya los cerraba.—No te muevas....
El corazón de Maya comenzó a bailar muy rápido e involuntariamente una sonrisa se dejó escapar de sus labios.
¿Una sorpresa? ¿Para ella?
Ethan fue quizás una sorpresa. Y una muy bonita, llena de amor para dar y de paz. Una paz que no logró encontrar en ella misma.
De uno de los rincones del departamento se escuchó su voz.
—Cuéntame tus anhelos...
Sin abrirlos, la morena veía dentro de ella y contestó.
—Ver más allá de aquí. O bueno, viajar. Tener...una familia, es el anhelo que jamas pensé que llegaría a conocer o sentir; pero ya la tengo. Qué me amen....—sentía que tal vez decía esas cosas sin pensarlas. Y por un momento le pareció ridículo y vergonzoso. Ya no siguió.
El aroma de Ethan se aproximaba y por un momento se imaginó su piel.
“Aterriza pecadora, esta siendo cursi y romántico”
Soltó una risita y se mordió su labio inferior.
—Perdón —susurró para ella.
No necesitaba abrir los ojos para comprobar que él estaba frente a ella. Sus respiraciones se juntaban.
—¿Y cuáles son tus deseos?—ahora Ethan susurró como si estuviera contando un secreto aunque las palabras salieron con precisión. Hubo un momento largo y sereno de silencio. Ella no podía hablar, era como si alguien le hubiera dicho jamás revelarlos. Porqué eso eran deseos, no eran racionales como los anhelos... ¿Qué estaba tramando?
—No, no voy a caer—negó Maya inconscientemente.
—No se trata de eso.
—De lo que fuera, no.
—Maya
—Esque no quiero que duela, entiende por favor
—No tendría que—su voz no quería quebrarse—Estas conmigo, con Saddie, aquí. Y eso me importa más que otra cosa.
Él la tomo entre sus manos y la miró, acarició su mejilla.
—¿Cuándo entenderás qué yo jamás, jamás te haría daño? Y que quiero compartir lo que me queda de vida contigo.
Entre sus manos depositó lo que parecía ser un folder pequeño y delgado.
—Y te lo quiero demostrar—dijo al tiempo que abría los ojos ella. Eran unos boletos de avión y Maya no sabía si gritar, echarse a llorar o pedir una explicación que seguramente no tendría.
Había miradas que decían pocas cosas o una parte de, pero las de Ethan eran tan completas, tan transparentes que no podía evitar caer más y más en ellos.
—El anhelo es algo racional y consiente. ¿Sabes?—empezó el hombre acariciándo las mejillas de ella—Mientras que los deseos son inconscientes. Poderosos, potentes, que nos llevan a saltar obstáculos, que nos mueven en todos los sentidos y que tienen que ser descubiertos. Y quiero que juntos salgamos a descubrir tus deseos más vicerales, así quieras ir a Rusia o a Colombia. Iré contigo.
Maya lo abrazó muy fuerte y trató de no desmoronarse en su pecho, pero sus lágrimas eran de felicidad. Seguía sin poder creer como es que la vida le puso a un ángel como Ethan.
Él le dió un beso en la frente.
—¿Estás lista, cielo?
Sonrió y sus tripas dieron un brinco de emoción al escuchar lo último.
Se estiró para darle un pico tierno y se limpió unas lágrimas sobrantes.
—Más que lista, cielo.
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Aire || Ewan McGregor ||-Escribiendo
RomanceHa estado encerrada 20 años en una casa hogar dónde la ayudan a mantenerse viva físicamente. Sus rutinas diarias se limitan a pasear entre los jardines. Y cuando menos se lo espere él la sacará de ahí, para hacerla cumplir su lista de deseos dentro...
