El viento frío del atardecer me golpeó la cara al salir al patio del hospital. Allí estaba él, encorvado en uno de esos bancos grises, con las manos entrelazadas y la mirada perdida en las grietas del pavimento. Taehyung parecía querer fundirse con el asiento, hacerse invisible.
—Tae... —llamé en voz baja, sintiendo cómo mi pulso se aceleraba al ver su postura tensa.
Cuando alzó la vista, sus ojos oscuros reflejaban una tormenta que reconocí al instante: era el mismo miedo que yo sentía cada vez que se me acercaba un borracho maniático. Sin pensarlo, me senté a su lado, notando cómo su respiración entrecortada creaba pequeñas nubes en el aire frío.
—¿Qué pasó? —pregunté, rozando su brazo con el mío sin atreverme a tomar su mano.
Él esbozó una sonrisa amarga, torciendo el gesto como si le dolieran las palabras antes de pronunciarlas:
—Nada que no sepas ya.
Su voz sonó áspera, como si llevara horas sin hablar.
—No me mientas —susurré, apretando los puños sobre mis rodillas—. La vi. Esa mujer... ¿Quién es? ¿Por qué te amenazaba?
El crujido de sus nudillos al apretar los puños me hizo estremecer. Durante tres segundos interminables, solo se escuchó el lejano sonido de las ambulancias.
—Es mi hermanastra —confesó al fin, escupiendo el título como si le quemara la lengua—. Cho Jae. Nunca ha sido más que una sanguijuela con tacones.
Un escalofrío me recorrió la espalda. Recordé los ojos fríos de aquella mujer, su sonrisa de hielo cuando pasó junto a mí en el pasillo.
—¿Y qué quiere ahora? —pregunté, notando cómo mi voz sonaba más aguda de lo normal.
Taehyung se frotó la nuca, dejando al descubierto una fina cicatriz que nunca antes había notado.
—Información. Secretos familiares que podrían... —tragó saliva— perjudicarme.
El viento arremolinó unas hojas muertas a nuestros pies. Por primera vez, vi fisuras en su armadura perfecta: el temblor en sus pestañas, la tensión en su mandíbula. Era humano, vulnerable. Y eso me partió el alma.
—No puedes dejarla ganar —dije, girándome hacia él—. Si cedes ahora, nunca te dejará en paz.
Su risa carecía de alegría
—¿Crees que no lo he intentado? —sus dedos se cerraron alrededor de mi muñeca con urgencia—. Es peligrosa, Sook. Si te acercas a ella...
—Pero si no haces nada, ella te seguirá manipulando. Necesitas recuperar el control —respondí, sin dejarme intimidar por su reacción.
—¿Y qué piensas hacer? ¿Ir a pedirle explicaciones? Eso solo empeorará las cosas —replicó él, con los dedos temblorosos enterrándose en sus propios brazos, como si intentara contener la frustración que le hervía por dentro.
—No lo sé... pero debo intentarlo —respondí, deslizando mi mano sobre la suya para calmar ese temblor—. No puedo quedarme de brazos cruzados mientras ella juega contigo.
El contacto duró menos de un segundo. Taehyung retiró la mano como si mi piel quemara, pero no antes de que sus ojos —esos ojos siempre tan llenos de orgullo— brillaran con algo que no supe nombrar. Agradecimiento. Vulnerabilidad. Algo que me hizo sentir que, por primera vez, estaba viendo la parte de él que nadie más conocía.
—Mejor vamos a tu habitación —murmuré, rompiendo el silencio incómodo mientras me ponía de pie. No podía permitir que el peso de ese momento nos aplastara, no cuando su cuerpo aún se recuperaba.
Él asintió sin protestar, pero al incorporarse, su brazo rozó el mío buscando apoyo, casi sin darse cuenta. No lo mencioné. Solo ajusté mi paso, acortando la distancia entre nosotros mientras caminábamos por el pasillo, como si el simple acto de acompañarlo pudiera protegerlo de todo lo que venía.
El sol de la tarde teñía las paredes del hospital. Cuando llegamos a su cuarto, lo ayudé a sentarse en la cama, arreglando las almohadas detrás de su espalda con movimientos prácticos, como si el exceso de cuidado pudiera disimular lo que realmente sentía.
Esbozó una media sonrisa.
En ese momento me di cuenta de que ya no éramos solo doctor y paciente. Había algo más, aunque no supiera ponerle nombre.
—Sook, esto no es un juego —dijo Taehyung, apretando los puños—. Ella es peligrosa.
—Lo sé —repliqué, sin apartar la vista—. Pero no puedes seguir así, cargando todo solo. No es justo para ti.
Quedamos en silencio unos segundos. Se notaba que estaba pensándolo bien, sopesando las opciones. Finalmente respiró hondo.
—Está bien... lo haremos a tu manera —cedió—. Pero con una condición: te mantienes fuera de peligro. Me lo prometes.
Asentí, sintiendo un peso que no estaba antes.
—Te lo prometo. Lo resolveremos juntos.
Al cruzarnos esa mirada, ambos supimos que lo que venía no sería fácil. El pasado siempre vuelve, pero esta vez al menos no tendría que enfrentarlo solo.
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Esquizofrenia |KTH
Fanfiction-¿Qué acaso no me escuchan? -Les estoy diciendo que él no está loco ¡no lo está! -Yo sé que nunca se atrevería a dañarme. ➛ Taehyung fanfic ➛ Heterosexual ➛ Capítulos cortos ➛ Crédito de portada: MyBoyKT ᴇsϙᴜɪᴢᴏғʀᴇɴɪᴀ✓
