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El sonido de mi teléfono resonó en el silencio de la sala de psiquiatría. Un mensaje de Min-Youn: 

—Unnie, revisa Twitter AHORA. #HospitalAsesino está trending. 

Mis dedos temblaron al abrir la aplicación. El video comenzó a reproducirse solo.

—Dios mío... —murmuré, llevando una mano a la boca. 

Ahí estaba él. Taehyung. Inconfundible a pesar de la granulación de la imagen. Su postura, la forma en que inclinaba los hombros, ese pequeño tic de morderse el labio inferior. Era él, pero no el Taehyung de ahora. Este tenía el rostro más juvenil, el cabello más corto. Una versión de hace años. 

La escena mostraba la cocina de la casa familiar bañada en esa luz amarillenta del atardecer. Taehyung aparecía inclinado sobre Ajuma, cuyo cuerpo yacía inmóvil en el suelo.

—Nadie te creerá... —susurraba una voz distorsionada— ...sólo cállate. 

Era su voz, pero no la de ahora. Era más aguda, más frágil, como si hubieran rescatado grabaciones antiguas y las hubieran manipulado. 

—¡Doctora Min! 

Me giré bruscamente. Kang estaba en la puerta, una sonrisa triunfal en su rostro. 

—Qué oportuno que esté aquí —dijo, mostrándome su teléfono donde el video ya superaba las 50,000 reproducciones—. Justo cuando el comité de ética revisará su relación... ¿cómo decirlo? Poco profesional con el paciente Kim. 

—Ese video es falso —respondí, manteniendo la voz firme—. Y usted lo sabe. 

—¿Yo? —arqueó una ceja—. Solo soy un médico preocupado por la reputación de este hospital. 

Sala de Aislamiento

La luz parpadeante del fluorescente hacía parecer aún más pálido el rostro de Taehyung. 

—Lo publicaron.

Sus dedos temblorosos se aferraron a mi bata blanca. 

—No puedo quedarme aquí, Sook. Si me declaran culpable...

—Escúchame —interrumpí, sacando un uniforme de enfermero de mi maletín—. Vas a salir de aquí. Pero necesito que sigas mis instrucciones al pie de la letra. 

—¿Qué debo hacer? 

—Primero, mantén la cabeza baja. Las cámaras no deben captar tu rostro. Segundo, no respondas a nadie. Usa esta tablet como escudo. Y tercero... —le entregué un documento— si te paran, muestra esta orden de resonancia magnética. 

La puerta se abrió bruscamente. 

—¡Doctora Min! —La supervisora apareció con el ceño fruncido—. El Dr. Kang reportó que... 

—¡Código AZUL en el ala pediátrica! —grité, interrumpiéndola—. ¡Necesitamos trasladar al paciente Park ahora mismo! 

Taehyung caminaba a mi lado, la mascarilla quirúrgica ocultando sus labios temblorosos. Cada paso resonaba en el silencioso pasillo. 

—¡Deténganse! 

Kang bloqueó nuestro camino, sosteniendo su teléfono donde el video seguía reproduciéndose. 

—Qué conveniente, Dra. Min. Justo cuando se expone al asesino, usted intenta sacarlo del hospital. 

—Doctor Kang —respondí con calma—, ¿prefiere que el comité de ética vea primero su correspondencia con Cho Jae? O podemos ir directamente a la prensa. 

Su rostro perdió todo el color. 

—No sabe de qué está hablando. 

—Oh, lo sé muy bien —aseguré, mostrándole mi teléfono donde Min-Youn había enviado capturas de sus mensajes—. Y tengo pruebas. 

[...]

Apartamento

Mi hermana trabajaba frenéticamente en su laptop, tres pantallas mostrando líneas de código. 

—El video es un montaje —explicó—. Usaron imágenes reales de Taehyung ayudando a Ajuma y las mezclaron con audio de sus sesiones de terapia. 

—¿Podemos probar que es falso? —pregunté. 

—Sí, pero necesitamos más. Algo que vincule directamente a Cho Jae. 

Taehyung, sentado en el sofá con una taza de té entre las manos, murmuró: 

—La caja de té verde. Ajuma siempre escondía cosas importantes allí. 

—Pues deben ir —Mencionó  mi hermana de forma inmediata.

[...]

El coche se detuvo frente a la casa de Taehyung, también lugar de muerte de la empleada. El motor se apagó con un leve temblor. La fachada, antes blanca y bien cuidada, ahora mostraba pintura descascarada y hierbas creciendo entre las grietas del camino. Taehyung bajó lentamente, la mirada fija en la puerta, como si esperara que, de un momento a otro, Ajuma apareciera en el marco para regañarlo por llegar tarde. 

—No han venido en mucho tiempo  — murmure observando las ventanas opacas por el polvo. 

Tae no respondió. Respiró hondo antes de empujar la puerta, que cedió con un chirrido familiar. El interior olía a humedad y recuerdos.

—Aquí… —su voz sonó áspera—. Aquí es donde la encontraron. 

—Busquemos rápido —dijo Tae, desviando la vista—. Antes de que anochezca. 

Y aunque su tono era firme, noté cómo su mano temblaba al abrir el primer cajón.

—Aquí —susurró, abriendo una vieja caja de té verde. 

Dentro había tres objetos: 
1. Un pendrive con la etiqueta "Para el niño" 
2. El collar de jade que Ajuma siempre llevaba 
3. Una página arrancada de un diario, manchada de té 

Taehyung leyó en voz alta: 

—"Jae me amenazó hoy. Dijo que si no convencía al niño de firmar los papeles, acabaría como su padre. Pero yo sé la verdad... el té de esa noche no lo preparé yo." 

Sus manos temblaron. 

—Mi padre no se suicidó... Lo envenenaron.

Tiempo más tarde al llegar  a casa, Youn  conectó el pendrive. Las imágenes de seguridad mostraban a Cho Jae manipulando la tetera la noche de la muerte de Ajuma. 

—Lo tenemos —dije, tomando la mano de Taehyung. 

Él me miró, y por primera vez en años, vi esperanza en sus ojos. 

—Gracias —susurró—. Por no darte por vencida nunca.

Esquizofrenia |KTHHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora