T r e i n t a y D o s

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Ídolos.

Todos los días debía luchar con aquellos que querían apoderarse de mi corazón.

Al principio no quise aceptar el mal que me hacían. Me creía que podía sola. ¡Ja! Y me idolatraba a mi misma en el proceso.

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida. —dijo.

No entí sus palabras al comienzo.

No, hasta que viví esa horrible situación con los problemas de autoridad en mi corazón.

Fallaba, adoraba. ¿Cómo era eso posible?

Comprendí que debía cuidarlo, ser sabía. Y dárselo a amigo. Solo en él se podía confiar.

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