05. Recuperar.

1.2K 49 35
                                        

La gran corriente helada agitaba con fuerza su cabello al igual que su gran abrigo, el frío llegaba a causarle escalofríos, pero era algo que podía soportar. Su mirada estaba cargada de tristeza y melancolía, observando la gran capa de hielo donde se encontraba sentado.

No sabía lo que hacía o lo que decía, pues sus labios se movían pero no escuchaba lo que decía, sólo se encontraba ahí, sin hacer nada. Su cuerpo estaba paralizado, pero su mente le daba a entender que había llegado allí por una razón. Sólo que no sabia cuál era.

El corriente se fue volviendo más salvaje, hasta el punto de ser ahora una tormenta de nieve, pero aún siendo así, él no se movió de su lugar. Estaba consciente de que había pasado ya un buen tiempo bajo la tormenta, lo sabía al ver sus pies enterrados en la nieve, pero no le importó y siguió esperando.

Pasó y pasó el tiempo, la nieve ya estaba a punto de enterrarlo por completo, lo único que aún sobresalia era la mitad de su rostro. Hasta que por fin su espera terminó.

Sus ojos se elevaron y trató de ver entre la corriente de nieve. A pocos metros de él, una silueta se había detenido. Estaba parado frente a él, sin mover o alzar la mirada, su cabello cubría sus ojos y casi la mitad de su cara, de lejos se veía que su expresión estaba llena de tristeza, y aunque iba abrigado, parte de su pálido rostro estaba escarchado por el frío. Sin embargo, reaccionó al escuchar gimoteos provenir del contrario.

Sus ojos observaron con atención, como la persona frente a él mordía sus labios con impotencia, ocurriendo lo mismo de hace momentos. Los labios del otro se movía, pero no lograba escuchar las palabras; lo que más llegó a desesperarle, fueron las lágrimas de sangre que bañaron su rostro, llegando a pintar la capa blanca de varias manchas rojas.

Su llanto si lograba escucharla, este se fue intensificando, a tal punto de lastimar sus tímpanos por lo fuerte que estaba sonando. Trató la manera de salir de la nieve e ir por él, pero esta ya había cubierto por completo todo su cuerpo, quedando sólo con la incógnita antes de despertar sobresaltado.

¿Quién eres?

Un nuevo amanecer se presentaba en la ciudad de Japón, el aire revoloteaba en cada pequeño rincón, los pájaros cantaban al igual que las mariposas y flores brillaban con los rayos del sol

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Un nuevo amanecer se presentaba en la ciudad de Japón, el aire revoloteaba en cada pequeño rincón, los pájaros cantaban al igual que las mariposas y flores brillaban con los rayos del sol. Un día hermoso en conclusión.

Estaban a la cintura de la semana, para los estudiantes sería una tortura y un alivio estar ya a mitad de semana y proclamar que llegara el fin de esta más rápido, pero para los Caballeros era un día común que disfrutarían sin preocupaciones, o eso era lo que uno en particular quería creer.

Fueron como las ocho de la mañana, cuando Apolo decidió filtrar los rayos del sol en una de las habitaciones de la Mansión Kido. El aire decidió también despertarlo, filtrandose, junto al sol, por medio de la ventana abierta de su balcón hasta llegar a rozor su hermoso rostro.

Regresa...Donde viven las historias. Descúbrelo ahora