08. Confesión.

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Ayyyyy, el amor.

Dicen que es un sentimiento muy bonito, yo no sabría afirmarlo, ya que aun no he andado por esa etapa. Ya soy mayor, pero no se me ha dado la oportunidad.

Pero lo que sí sé es que idiotiza a muchos, en especial, al frío, cursi y loco Caballero de Cisne.

Era como si hubieran regresado en el tiempo. Sus juegos prohibidos volvían a ser más frecuentes.

El tiempo seguía su curso y Hyoga cumplía su palabra al pie de la letra. Aunque le era algo complicado, considerando que su "ex y, nuevamente, esperemos, futuro" cuñado había regresado de su largo viaje. Habían veces en que el pobre Cisne terminaba temblando como gelatina, obviamente Ikki y los demás eran ajenos sobre lo que ocurría entre Shun y él, pero si, trataba de no ser tan obvio para incomodar a Shun.

Otra cosa era el embarazo. Los síntomas eran cada vez más difíciles de llevar, hablando por Hyoga, que era el único que sufría. Era su Karma. Algo que había tomado bien, ahora que conocía la razón.

A su comparación, Shun disfrutaba los buenos días. Ya no tenía náuseas, vómitos o los horribles mareos mañaneros y a la hora de la comida; no sabía que toooodo lo estaba sufriendo el padre de su criatura.

Pero, sin duda, Andromeda admitia que Hyoga estaba logrando con su objetivo. Se lo había demostrado todos esos días.

Eran todas las mañanas que lo recibía un hermoso ramo de orquídeas o rosas blancas. Y si no eran eso, eran reemplazadas por varios y diferentes chocolates. A Shun le gustaban las cosas dulces, y era lindo para él ver que Hyoga no olvidaba aquellos lindos detalles.

Fueron casi dos semanas en que estuvieron así. Habían miradas, roces, toqueteos o, con los huevos bien cargados, un beso robado por el caballero de Cisne en la mejilla. Aun no se atrevía a llegar a más. Un simple y pequeño toque, pero especial para ambos. Y digo que si tenía bien puestos los pantalónes, pues todo lo hacía sabiendo que Ikki ahora rondaba por los pasillos de la Mansión, mas su ventaja era que este se la pasaba casi todo el día en su habitación. Así que estaba salvado por el momento.

Definitivamente era como volver a esos tiempos que hacían todo a escondidas de los demás.

—— no pienso ir

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—— no pienso ir.

Los demás suspiraron de aburrimiento.

—— sé que les he dicho que no los obligaré a nada pero... ¡Necesitas salir, Ikki! —— gritó desesperada la Japonesa sacudiendo al mencionado. —— ¡vas a volverte un ermitaño si sigues así!

—— pero si los demás tampoco quieren ir.

—— ¡no trates de excusarte! —— amenazó señalando a sus compañeros. —— Hyoga fue quien dio la idea de salir. Hay que ir, aprovechando que fue él quien tomó la iniciativa.

El rubio rió nervioso al tener todas las miradas enzima, y más la fulminante de su cuñadito.

Era un desayuno algo gracioso. Todos compartían anécdotas chistosas y serias en la mesa, teniendo una muy buena convivencia, ahora que todos estaban libres. Fue allí cuando Saori aprovechó para avisarles de su salida. Pero era claro que el lobo solitario de la familia prefería quedarse a descansar, que ir de fiesta a un lugar el cual no estaba tan acostumbrado de visitar.

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