07. Tiempo.

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El día siguió su curso sin problemas. Seiya y Shun aun andaban por el consultorio, pues el Doctor le estaba recetando cosas al peliverde para su cuidado: como pastillas, vitaminas, lo que puede hacer, y no, a principios del séptimo mes, si es que había considerado tener al bebé; además de comidas que llegarian a ayudarle.

Era cansado, demasiado. Shun firmaba, leía y todavía le sacaban sangre para hacer unos análisis más.

Aunque no era el único.

—— ¿era necesario hacer lo mismo conmigo? —— protestó el castaño, con su brazo adolorido por la reciente geringa que le había robado sangre.

—— es mejor aprovechar que estás aquí y no venir la próxima semana a sus revisiones. —— contestó sonriente el adulto.

—— Owww. ¡Me ahorró el madrugar!

Shun suspiró de alivio, por fin había terminado de firmar y leer todo el papeleo.

—— ¿algo más? —— preguntó mientras sobaba su muñeca.

—— no. Es todo por hoy. —— sonrió.

Ambos jóvenes se levantaron adoloridos, estirándose para poder arrojar todo signo de pereza que habia sido creado al estar sentados casi toda la mañana.

—— entonces, creo que lo veremos el próximo mes.

Se despidieron, pero antes de salir el Doctor les había llamado nuevamente. —— por cierto. —— el adulto los observó y señaló con acusación. —— nada de alcohol para la próxima.

Las orejas de los jóvenes ardieron de la vergüenza. —— eso ya nos quedó de lección. —— murmuró Pegaso con cansancio.

El adulto volvió a sonreírles. —— no hubo peligro alguno, pero ten cuidado, Shun. Es peligroso para el bebé.

Los labios de Shun se frunceron, ahora sintiéndose mal por haber actuado de forma impulsiva y no pensar en el daño que le causaría al bebé.

—— no habrá una próxima. —— aseguró con seriedad. —— téngalo por seguro.

Y abandonaron la habitación. Un gran silencio se había apoderado del lugar, ni siquiera estaba el ligero sonido del lapicero ser utilizado, e incluso la respiración del hombre era demasiado débil en sonido.

Sus ojos negros se elevaron al frasco con sangre que sostenía, observando esta con atención y al final saliendo de la oficina para ir al cuarto de laboratorio.

Había notado algo que le dejó intranquilo.

Por otro lado, ambos menores decidieron almorzar en el Centro Comercial, ya era demasiado tarde para llegar a la Mansión.

—— ¿le dirás? —— se atrevió a preguntar el castaño, y no era necesario decir nombre, pues Shun sabía a quién se refería. —— si decides tenerlo, recuerda que él también tiene derecho y la obligación de mantenerlo.

Esa era una pregunta que Shun no quería contestar, en parte, porque temía por la reacción que tendría el Cisne y sus amigos, y por otra, tenía la ligera esperanza de poder hacer las pases con el rubio.

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