013 | Oscuridad.

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El pecho de Saori subía y bajaba de forma acelerada, con sus ojos abiertos y los labios temblando al sentir el cambio de ambiente que se apoderó del mundo. Aun sentada, su mente no paraba de martillarle cuales serían esos seres malvados que estaban cerca de despertar. En parte, la alteración en el Cosmos de sus amigos la estaban comenzando a inquietar, a asustar y causarle las lágrimas al no sentir al pequeño Edén en Tierra.

Un sentir que estaba matando a Andromeda.

—— Edén... —— Hyoga sostenía a Shun con fuerza por la espalda, el peliverde no dejaba de forcejar y gritar el nombre de su bebé. —— ¡Hyoga, mi bebé! ¡Se lo llevaron! ¡Se lo llevaron!

—— tranquilo. —— con las lágrimas amenazando con salir, el Cisne trataba de tranquilizar a su pareja mientras lo abrazaba. El dolor que Hyoga sentía era terrible: se habían llevado a su bebé frente a sus ojos, y él no pudo hacer nada para evitarlo. —— tranquilo, mi amor. Lo encontraremos, ¿si? Tranquilo.

—— ¿y dónde, Hyoga?! ¡¿Cómo quieres que esté tranquilo cuando se acaban de llevara a mi bebé frente mio?!

El llanto estaba afectando a los otros tres. Seiya tenía una mueca de tristeza mientras sostenía con protección su pequeño vientre, Shiryu estaba frente a él como escudo e Ikki veía a través del gran hueco en la pared de la Mansión. Algo que tenían todos, a excepción de Shun, en conclusión era que una nueva batalla había dado inicio con el secuestro del pequeño ser entre ellos.

Con ello la luna tintineó anunciando un cambio en el mundo, y bajo su luz nocturna, aquella silueta veía con tristeza el gran santuario oculto entre las montañas de Grecia.

—— no

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—— no... ¡Mierda!

El Tiempo era una tortura que todos odiaban. Y más para el caballero de Andromeda. Con una sola orden de Athena, Caballeros de plata y bronce hacían lo necesario por encontrar el posible paradero del secuestrador del bebé Edén. La tortura era demasiado, pues no habían noticias desde el día que todos partieron del Santuario.

—— No, no, no, no, no...

Pasaron las horas, pasaron los días, pasaron las semanas hasta que estos se convirtieron en meses sin buenas respuestas. Y aunque Seiya siguiera con su terquedad de seguir ayudando a Shun, la naturaleza se lo impedía en la forma de una fuente rota.

—— ¡ay! ¡Duele! ¡Duele mucho!

Varios médicos habían sido transportados al Santuario y ahora su trabajo era atender al Pegaso que estaba a poco de traer vida a la tierra.

—— ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Duele mucho, Ikki!

Pegaso no dejaba de encorvarse en la cama, sosteniendo con fuerza la mano de su pareja haciendo presión. Ikki trataba la manera de calmarlo, aunque el trabajo era difícil debido a la gran fuerza que, estaba seguro, ya le había quebrado más de un dedo.

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