Capítulo 1

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Observo por tercera vez la hora en el reloj sobre mi muñeca, están por ser las cinco de la tarde y yo todavía sigo varada en el aeropuerto esperando por que a mi hermana se le dé por aparecer. 

Había llegado a Londres hace no más de veinticinco minutos, y se supone que mi impuntual hermana ya estaría aquí para cuando el avión aterrizara, pero no lo está. El frío me cala hasta los huesos, es ahora cuando lamento no haber sacado mi abrigo de mi maleta.

Y para rematar, tampoco responde su teléfono

¡Maldita sea, Leah!

Bufo frustrada.

— ¡Lenna! —Giro mi cabeza, blanqueo los ojos al mismo tiempo que me levanto del asiento y cojo mi maleta para caminar hasta donde mi hermana se encuentra.

—Veinticinco malditos minutos, Leah —le reprocho en cuanto sus brazos me rodean.

—Lo sé y lo siento, el tráfico estaba horrible sin contar que una llanta se me ponchó a una cuadra de aquí —niego con la cabeza y una pequeña risa se expande por mi rostro.

No importa lo que pase, sé que tarde o temprano ella tenía que llegar.

Aunque lo más probable es que hubiera tomado un taxi en cuanto hubiera tardado más en llegar.

—Bueno, es mejor irnos. de seguro mamá ha de estar loca de que aún no llegamos —Leah coge mi maleta y juntas emprendimos camino hacia nuestra casa.

Era bueno estar de vuelta en casa, aunque no haya sido una fácil decisión. 

—Por un momento pensé que no vendrías.

—No lo iba a ser — respondo casi de inmediato.

—Pensé que irte a Francia haría las cosas un poco más fáciles.

Yo también lo pensé.

—Las cosas nunca han sido fáciles, Lele —dejo salir un suspiro, como si de esa forma pudiera liberarme de todos los sentimientos que se me estaban cruzando.

—Ha pasado un año, Lenny...

Un maldito largo año.

—Lo sé. Todavía duele, Leah, Jeremy era el ser más bueno del mundo, hasta el momento sigo sin entender por qué a él.

Jeremy Lynch, era nada más y nada menos el ser humano con el corazón de oro más bueno y noble del mundo. Siempre ponía como prioridad a su familia, era voluntario en orfanatos y asilos y tenía una gran carrera como trabajador social. Pero por desgracia, un horroroso monstruo se apoderó de él tomando todas sus fuerzas y toda la salud que Jeremy tenía.

Jeremy murió de cáncer hace un año y dos semanas, el cual ha sido el más difícil que he vivido en mis veintiún años.

Jeremy no sólo tenía el alma más noble, Jeremy era mi novio, y lo fue hasta que el último aliento de su ser se evaporó.

Con la manga de la chaqueta limpio una lágrima que sin darme cuenta, había derramado, Leah lo notó ya que apoya una de sus manos sobre mi brazo y me da un apretón.

—Lo siento, Lenna, no quise... —niego con la cabeza mientras vuelvo a enjugar mis lágrimas.

—Está bien, sólo..., se removieron algunos recuerdos, eso es todo.

El resto del camino, mi hermana guardó silencio, de fondo suena la radio a un volumen bajo. Podía ver por la ventana cómo algunas personas comenzaban a decorar sus casas con los adornos navideños que han estado guardados en sus sótanos por once meses.

Luz de NavidadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora