Desde hace tiempo me diste una buena sensación que muy pocas personas me han dado en mi vida. Puedo decir que, a medida que más nos íbamos conociendo, algo en mi corazón pasaba y era fuerte, pero inconscientemente no me había dado cuenta... hasta que note como tu piel me hacía la falta necesaria para pensarte a cada rato. En mi memoria una noche la cual se ha quedado anclada en mi vida hasta que me muera. Sin ánimos de presumir, fue la noche que movió piezas en mi, desde mi interior hasta mis palabras. Hubo una alegría inesperada que se coló en mi vida y hoy yo quiero describir como pasaron los acontecimientos aquella noche.
Todo empezó cuando te invite a una cita en una lugar muy caro y que siento que merecías. Al llegar, supe que todo comenzó a fluir como lo había imaginado. Estaba muy seguro de que algo especial podría pasar. Fuimos abriéndonos más el uno al otro, hablando de nuestras vidas y como nos había tratado la vida. Te invité a mi casa porque me dijiste que andabas desocupada y tenias el tiempo necesario para conocerme. Me sorprendió que hayas aceptado tal invitación ya que no teníamos nada concreto en común ,pero esa noche todo se aclararía.
Te ofrecí un trago y seguíamos conversando. El ambiente se iba poniendo de un color raro que no estaba seguro si era bueno o malo, pero algo importante iba a suceder. Te levantaste del asiento y me miraste a los ojos. Tus labios de color carmesí, con un perfume de splash mezclado con esencias de mujer de clase, aún residen en mi memoria como si todo hubiera ocurrido ayer. El silencio predominó en ese momento. Tus ojos decían todo lo que tu boca no articuló, hasta que esta rozó mis labios con una emoción sutil, una actuación preciosa. Nuestras lenguas, al contacto, se unieron como si fueran un lazo tan fuerte, y la saliva actuaba como un pegamento imposible de romper, ni con la fuerza más grande del universo.
El sabor a chocolate de tus labios se impregnó muy rápido en mi, que quedé marcado por tu esencia, instalada en mi paladar como una medicina eterna que quiero saborear cada día. Como una equivocación, tu boca paso directamente hacia mi cuello, más rápido que la velocidad de la luz. Nunca me he tatuado en mi vida, pero tus perlas junto con tu lengua han plasmado en mi piel unas marcas tan preciosas sobre mi piel. Al principio dolían, pero momentos después eran tan hermosas y perfectas que abrieron mis poros y a través de ellos, se coló tu esencia de Diosa del Olimpo. Por mis venas circularías eternamente.
El sudor y nuestros cuerpos se rozaban sin timidez, con miles de intenciones tentadoras. Ante tu cuerpo caí, y ante tu perfección quede hechizado para siempre. Mi corazón latía como nunca antes lo había hecho, y deseaba que esa emoción jamás se detuviera. Mi miembro, caliente y firme, quiso terminar lo que esa noche habíamos comenzado, introduciendo mi energía en tu templo sagrado, en tu lugar donde nace el placer y la vida. Al unirme a ti, tus quejidos palpables, sonoros pero perfectos, revelaban tu instinto de Diosa imperial. Era una conexión de almas, un acto imposible de describir en palabras, una danza de deseo en un mundo sin leyes, donde puedo probar cada segundo de tu calurosa piel, y escribir con mi saliva miles de poemas y poder tatuarme tu perfume en mi alma.
ESTÁS LEYENDO
Escritos
PoesiaHola, espero que les guste lo que escriba por aquí ya que son escritos hechos por mi con una temática que les puede interesar
