El cielo esa tarde tenía un matiz entre naranja pálido y azul opaco, algunas nubes teñidas de blanco y gris. Era una vista hermosa y relajante.
Apoyado en la parte de atrás de la bicicleta de Mikey, disfrutaba el silencio momentáneo.
Cuando decidió salir con sus nuevos amigos, no se esperó tanta calma y armonía.
La espalda de Mikey se veía suave desde su posición, con los cabellos revoloteando con el viento. De vez en cuando el chico ladeaba su cabeza y lo miraba con un atisbo de sonrisa que lo descolocaba. Takemichi creía que Mikey era lindo sonriendo.
Hasta que decidió romper el silencio y preguntar, realmente estaba curioso.
— ¿Por qué me elegiste cómo tu amigo?
— ¿Ah? — Mikey lo pensó y siguió pedaleando, después de unos segundos finalmente le respondió.— Me recuerdas a mi hermano mayor enfrentándose a personas más fuertes que él, solo por proteger lo que le importaba.
— Entonces es una persona genial. — Dijo, sonriendo sincero.
— Lo era, pero tú no, tu solo eres un idiota.
— ¡Oye! — Se quejó, pero después hubo un silencio, Takemichi ahora comprendía mejor la situación o eso pensaba.
Los tres se detuvieron a un lado del camino, Takemichi siendo más prudente.
— Es muy difícil encontrar personas como tú, dispuestas a arriesgarse por sus amigos.
— No fue nada, al final no conseguí gran cosa. — Comentó un tanto aflijido.
— Cuando creamos la Toman lo hicimos porque queríamos proteger a nuestros seres queridos. Queremos un mundo mejor para las personas que amamos, que no las lastimen. — Mikey se agachó sobre el pasto, arrancando con desinterés la maleza que poco a poco iba creciendo.
Mikey no era un mal tipo, al contrario, era digno de admirar. Siempre preocupado por los demás y sin arrogancia. Takemichi se sintió genuinamente feliz de ser amigo del comandante de la Toman, y también impresionado porque, Mikey le gustaba.
En otra ocasión, hubiese estado feliz de tener a ese Manjiro Sano como su alma gemela.
Y como si estuviese leyendo sus pensamientos, Mikey habló, dejándolo helado con sus declaraciones.
— Eres mi alma gemela, Takemicchi.
Se las arregló para ponerse bien derecho, tratando de no temblar frente a Mikey.
Que le haya confirmado lo que ya sabía, era en definitiva la cosa más aterradora que le había pasado en su vida.
— Lo sé, ¿Te molesta? — Tanteó, sabiendo que Mikey era demasiado bueno para juzgarlo.
— Uhm, no. Ahora somos amigos.
Amigos, eran amigos. Y Takemichi tenía novia. No podía quejarse.
— Me gusta ser tu amigo.
— Entonces todo está bien, ¿quieres comer?
— ¡Suena bien! — Terminó diciendo, caminando hacia la bicicleta en espera de retomar su camino.
— Bien, Draken pagará.
— Oye, Mikey, deja de decidir por mí.— Se quejó Draken, pero no se negó.
Divertidos, ambos se subieron a las bicicletas y se pusieron en marcha, hablando y riendo por cualquier cosa que se les ocurriera.
Takemichi descubrió que Mikey era muy infantil y que Draken, era una especie de niñera cumpliendo los caprichos del comandante. El dúo perfecto de amigos.
Tarde pero seguro, bueno no.
Le hace falta más drama, tal vez.
Gracias por el apoyo hasta ahora, no había tenido la oportunidad de agradecer por leerme. Me hace feliz 🥺🥺.
ESTÁS LEYENDO
Almas gemelas.
RomanceCada persona al nacer lleva escrito en su brazo izquierdo el nombre de su alma gemela, su media naranja, su otra mitad. Hanagaki Takemichi no fue la excepción, solo que las cosas no salieron como esperaba. ¡Hola! Soy nueva escritora y las actualiz...
