Ojeras
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—Mami, mami; juguemos. —una niña de unos seis años, cabello tan negro como las plumas de un cuervo que caía como la tinta sobre su pequeña espalda.
—Shhh; baja la voz —dijo con voz dulce, sin intenciones de reprenderla—. Sabes que a tu padre no le gusta que juguemos en la noche. No dejes que se entere, ¿si? —acarició sus cabellos.
—¡Ujum!
—¿Y tu hermano jugará?
—Sí, sí —asintió con energía infantil—. FyoFyo es muy serio, pero siempre acepta jugar conmigo.
El niño, increíblemente parecido a su hermana, intentaba parecer lo más maduro posible.
—¿No es muy tarde para jugar? —miró directo a los ojos de su mamá. Una mujer amable y jovial, cargada de amor. Heredó los ojos de su madre.
La mujer les sonrió con cariño y los abrazó:
—Nunca es tarde para cuidar el uno del otro.
—Ujum. —asintieron.
—Jugaremos a las escondidas. Ustedes se esconderán —les tocó la punta de su nariz—. No salgáis hasta que yo los encuentre, ¿entendido?
—¡Sí, mamá!
—Fyodor —el niño la miró, con sus grandes ojos violetas resplandeciendo en la oscuridad del pasillo—, cuida a tu hermana. Y tú —pellizcó la mejilla de la niña—, no le tengas miedo a la oscuridad.
—Mi hermano da más miedo que la oscuridad.
Fyodor resopló y su madre rió divertida.
Escuchó un ruido, los nervios florecieron.
—Comenzaré a contar: uno... dos... tres...
Y los niños, tomados de la mano, corrieron a esconderse en el único lugar donde sabían que su madre no los encontraría: debajo de la cama de sus padres.
Minutos después, hubo una pelea, un grito, llantos y sangre salpicando las paredes.
Su madre y hermana murieron esa noche.
Y Fyodor también.
Abrió los ojos con terror, mirando con los orbes desorbitados el techo blanco de su habitación. Su respiración estaba agitada y entrecortada. Temblaba y sudaba. Apoyando su mano en el futón que tenía tirado en medio de la habitación que usaba para planear, se sentó, intentando tranquilizarse.
Apretó los párpados y se mordió el labio inferior hasta que sintió la piel romperse y el sabor metálico caer en su lengua.
El dolor punzante en su cabeza le sacó de la somnolencia momentánea. Se sostuvo las sienes, intentando calmar el dolor en vano.
Miró el reloj: las dos de la mañana.
Otra noche que no dormiría.
Prefería no hacerlo a tener que revivir una y otra vez esos recuerdos.
Porque prefería, que todos creyesen que sus ojeras eran producto de noches en vela ideando planes para destruir el mundo, que supieran que en realidad eran causadas por...
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[In] Sensibilidad ☦ Fyodor Dostoyevski • Bungo Stray Dogs ☦
Fiksi Penggemar"El Demonio Fyodor" Así era llamado por civiles y militares; cómplices y amigos. Todos inferían que él era un genio; calculador, metódico y observador. Psicópata e incapaz de sentir empatía. Falto de sentimientos. Pero el caso es que nada era más di...