Capítulo 10

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Tratar de entrar en la rutina de un hospital era imposible, cada día era diferente, cada turno era una locura. Sus amigas casi no la habían visitado. Kat con disgusto porque tenía más trabajo de costumbre y Abby que se estaba compaginando con su matrimonio, trabajo y en el Rancho.
Además, sus citas estaban consumiendo su tiempo. El doctor que sería su jefe inmediato se fue de vacaciones sin previo aviso, diciendo que: “El amor lo es todo”, claro que también podíamos llamar, un romance loco que iba a pagar muy caro. Ella sabía que Truman no era un inconsciente, pero no podía manejar sus sentimientos y eso le llevaba a unos grandes problemas.

—Dra. Davis, ya están los pacientes listos para revisión.

—Gracias, Michelle. Pero ya sabes, con solo Beth estaría bien.

Ella negó, y Beth solo rio bajo, tal parecía que nadie hacia de Michelle dejara el profesionalismo en el consultorio. O en todo el hospital.

—Bien iré al pasillo A y C, creo que no los he visto mucho.

—Los del A, están en hora de visitas. Los del C, creo que aun faltan para sus visitas, puedes ir allí primero.

—Gracias, Michelle.

Beth hizo sus listas de visitas y llevo los fólderes de cada paciente, cada expediente era tan claros que debía de darle todo el crédito a Michelle, era muy buena.

—Al pasillo C. —murmuró con todos los expedientes a mano.

Subió al elevador, y marcó el botón de la planta donde estaba el pasillo C, y claro que iba leyendo las notas del primer paciente. Como siempre decía ese pasillo era de locos. No sabía como no estaba ningún residente de Psiquiatría con ellos, trauma era una locura, y los ingresados no eran muy amigable a veces.

—Habitación, oh es esta. —toco un poco y luego entro—Sr. Harper, un placer verle tan recuperado, seré la que lo vea en estos días.

—Y el otro doctor.

Beth sonrió—. Esta de algunos días de permiso, así que lo vere unos días.

—Bueno.

Y Beth comenzó a hacer su trabajo, miró varios pacientes, y algunos colegas le hacían preguntas así que debía de estar estudiando, no solo era una nueva egresada, también debía de luchar para ganar el respeto de algunos médicos de planta.

—¿Davis?

—Doctor… ¿Pensé que estaría en cirugía?

El jefe de traumatología no era uno que estuviera en pasillos, no era de ir a ver pacientes que no fueran los suyos en horas antes de visitas. Beth también sabia que él no era amigable con nadie, era de los pocos que estaban en el hospital que tenían una plaza en otro condado, no eran todos lo que podían tenerlo.

—¿Dónde está Antoni?  

Beth suspiró, sabía que Truman no se había dado con la actualización de los demás a su amigo todo le salía mal.

—Esta de permiso.

—Ya veo. Me imagino que te harás cargo de todos los pacientes de él, incluso de los nuevos.

—Esta en lo correcto, junto con la secretaria de ese departamento.

—Ya veo. Me alegro por ti, espero crezcas más.
Ver a uno de los mejores jefes de su departamento siempre le daba un poco de nervios, esos hombres eran devoradores. Tomo sus expedientes, y se fue a la oficina que compartía con Truman.

—Llegaron algunos nuevos pacientes. Checa estos. Son muy interesantes.

—A ver. Oh, mira son tres. ¿qué paso?

La Maestra y el Vaquero ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora