ㅡCuarto Crecienteㅡ

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Chaos. Del latín. Caos.


Mi papá respondía al nombre de Choi Yeonjun y solía tomar una bocanada de aire larga, procurando no oler ningún aroma o feromona, y se colocaba la parte inferior de la máscara de nuevo.

Él mismo la había hecho. Era capaz de filtrar ciertos componentes contaminados y brindar un poco de aire fresco, también ocultaba totalmente el rostro. Cada 3 minutos con 44 segundos levantaba la zona inferior para tomar oxígeno y no desmayarse.

Después de la última guerra biológica, el aire envenenaba y sofocaba. No era el único problema.

Debido a los componentes químicos y biológicos de las feromonas alfa, el oxígeno de baja calidad volvía más fuertes sus efectos sobre los omegas y las propagaba con más fuerza y distancia.

Todos los días, Choi Yeonjun escondía su rostro, ajustaba su collar para evitar mordidas de reclamo y se alejaba de cualquiera que estuviera por encima de su jerarquía omega.

Yo hacía lo mismo pero sin el collar y dependiendo de él.

En diferentes ciudades me llamaba de diferentes formasㅡasí evitábamos un poco más a cualquier red de tráfico que rastreara su mercancía por nombresㅡ, era como las serpientes que andaban en las calles y mudaban de piel, pero a solas, en la noche abrazado a su torso, me llamaba Daesung. Para mí, ese siempre fue mi nombre.

Éramos nómadas que iban de ciudad en ciudad. Siempre decía que estábamos recorriendo el camino a un país que tenía leyes que se respetaban, pero con 4 años yo sabía que eso no era cierto; solo buscábamos comida y escapábamos.

Papá pensaba que yo jamás veía al alfa que nos seguía y nunca me dijo que huíamos de él, no fue necesario. En ocasiones no lo veía en todas las ciudades, pero su rostro marcado por cicatrices y su figura alta era frecuente. Odiaba y temía de la mirada que ponía sobre mi papá.

Corríamos por las ciudades con edificios abandonados y casas a medio destruir. Podías aprender y conocer muchas cosas solo corriendo por los techos y las calles solitarias.

Mi papá me enseñó a correr, brincar distancias largas y altas, escalar en menos de un minuto y esconderme.

Así él se sentía un poco más libre. Le gustaba mucho deslizarse y brincar de un lugar a otro. Creo que se sentía asfixiado entre la injusticia, el miedo y sus responsabilidades, pero se olvidaba un poco de ello cuando corría.

Yo no veía su rostro y él no veía el mío, pero a veces, después de 3 minutos y 45 segundos, nos quitaba la máscara a ambos y me besaba la frente.

Había días enteros en los que ninguno hablaba, aun así, por la forma en la que me sostenía la mano o me cargaba si no podía seguirle el paso, yo sabía que me amaba mucho.

Me enteré mucho después que mi papá me tuvo entre los 18 y los 19 años de edad. El otro papá fue algún omega que más tarde unos alfas marcaron. No supe nada más.

Por las noches buscábamos algún lugar sin ventanas y alejado de las entradas o las salidas. Comíamos cosas enlatadas y, si no estábamos muy cansados y temerosos de que nos encontraran, me enseñaba a leer, escribir y contar.

ㅡEs el único regalo útil que te puedo darㅡme dijo una vez, yo no lo entendí.

También aprendí a reconocer jerarquías. Si nos veíamos obligados a subirnos a transportes públicos y clandestinos o caminar entre muchas personas, mi papá hacía que mirara a todas para decirle después quién era qué.

Los alfas eran los más fáciles. Caminaban erguidos y arrogantes y no cubrían su nariz o su cuello. Si pasabas junto a ellos, las cosas se sentían densas, mi papá, un omega, se encogía y temblaba.

Los betas tampoco se cubrían, pero no emitían ningún tipo de emoción fuerte. Solo eran personas caminando entre un mar mezclado de prepotencia y miedo.

Los omegas sí se cubrían; con máscaras, telas, ropa o lo que fuera, algunos usaban collares también. Pero si no tenían ninguna de esas cosas era porque estaban detrás o a los pies de algún alfa, luciendo su marca de reclamo y sus ojos aturdidos y ebrios de olor.

Cada que miraba a esos omegas regresaba la vista a mi papá y temía que le pasara algo así. Estaba muy decidido a no dejar que sucediera.

El día que papá me despertó y me dijo que cumplía 5 años conocimos un beta.

Intentamos robarle comida, yo estaba escondido en el techo, sobre las vigas en un rincón totalmente oscuro que me ocultaba con sus escombros, mi papá, en el suelo, sostenía una pistola que apuntaba al beta con las manos levantadas.

ㅡEscucha, hoy no puedes llevártela, hay 7 cachorros y 6 omegas que no han comido en días. Vuelve mañana.

Papá no bajó el arma, pero pude ver como se relajaba un poco.

ㅡVuelvan y pregunten por mí, soy Soobin. Te prometo que tendré comida para ti y tu cachorro en el techo.

Más tarde robamos comida de otro lado que nos alcanzaría para una semana, sin embargo volvimos al día siguiente con el beta porque estábamos sorprendidos: nadie me había visto antes.

Y yo era solo un niño, pero no evité notar la forma en la que Soobin y Yeonjun se relajaban en el espacio del otro.


















Tengo otras dos historias en proceso pero me vale verga. No sé qué tan seguido se actualice esta cosa, pero en fin, será lo que el de arriba quiera. Gracias por leer.

Chaos [Soojun]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora