ᴄᴀᴘɪᴛᴜʟᴏ 3

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Harry evitaba a su prometida la mayor parte del tiempo, era una mujer dulce, sus ojos eran celestes y su piel parecía porcelana, le hablaba con respeto y delicadeza y tenía el pelo más rubio que había visto en su vida. Pero no soportaba ver en su mano el anillo de su madre, el que le dejó para que le prometiese amor eterno a la persona de su vida. La odiaba solo con ver sus dedos largos llevando algo tan valioso.

-Con el tiempo vas a aprender a quererla.- Le susurró su padre en la cena donde, finalmente, los presentaron.

Sin embargo la muchacha tampoco parecía muy alegre con la decisión, se mostraba educada y respetuosa pero veía el cansancio y el aburrimiento en su voz cada vez que no podían evitar cenar juntos.

Ella hablaba de cosas que él no entendía, de su pasión por la música, la escuchaba tocar el piano y se odiaba a si mismo por no poder obligarse a quererla, era maravillosa. Cuando él hablaba de negocios ella asentía y le daba sorbos cortos a su té de mango, le daba la sensación de que quería revolear los ojos cada vez que abría la boca.

Por cuestiones religiosas de la familia de su prometida, no podían dormir juntos hasta estar legalmente casados, lo cual Harry agradecía cada vez que se encerraba en su habitación para escaparse de todos los preparativos de la ceremonia. La fecha estaba fijada para dentro de ocho meses, no entendía cuánto esfuerzo podía implicar organizar algo así ni la insistencia de su hermana de preguntarle si prefería color crudo o hueso para los manteles.

Gemma sabía que Harry no quería casarse, ella misma no había querido hacerlo hace un año atrás, cuando la emparejaron con un inversionista suizo de unos 40 años que olía a whiskey y tabaco constantemente, pero esta boda le daba razones para pasar más tiempo en su casa de la infancia y menos en la de su marido, por lo que intentaba no pensar en eso.

-Harold ¿Me estás escuchando?- Llevaba 10 minutos hablando al aire y mostrando telas mientras su hermano enredaba entre sus dedos un hilo del acolchado- ¿Está todo bien?

-Ajam.-Murmuró. Era la única persona con la que podía hablar español desde que su madre había fallecido y quería aprovecharlo al máximo el tiempo que se quedase en esa casa.

-"Le mensonge permet d'avancer, mais ne permet surtout pas de revenir en arrière"- Murmuró Gemma.

-La mentira permite avanzar, pero no permite volver.- Repitió Harry, poniendo los ojos en blanco.- ¿Y eso que se supone que significa?

-Da igual, tengo cosas que hacer.

Su hermana cerró la puerta con fuerza y casi pudo verla caminando con pisadas ruidosas por el pasillo y con los puños apretados.

-Connasse.

𝙻𝚊 𝚍𝚘𝚞𝚕𝚎𝚞𝚛 𝚎𝚡𝚚𝚞𝚒𝚜𝚎|𝙻.𝚂Donde viven las historias. Descúbrelo ahora