Uno

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"Errar el primer tiro"

Habían pasado tres días desde mi cumpleaños cuando el regalo de la abuela llegó desde Luxor en Egipto; se supone que estaría aquí para mi cumpleaños número dieciocho, pero estaba en uno de sus viajes aventurescos y no podía culparla. Yo también preferiría estar en Egipto que venir a visitar a una nieta que probablemente me ignore por ir con su novio y sus amigos a celebrar a otro lugar.

Adolescentes.

Pero ni siquiera tuve la oportunidad de abrirlo, así que simplemente lo metí en mi bolso mientras corría a alcanzar el autobús. Normalmente no tomaba el autobús, pero era mi única opción gracias al hecho de que Jungkook tenía su auto averiado y no podía venir por mí. Pedírselo a Taehyung no era una opción; vivía demasiado lejos como para considerarlo.

Lograr conseguir un asiento vacío lejos de cualquier desconocido era casi un milagro y ahí iba la razón número uno por la cual no viajaba en autobús: Solo las personas sin vida social viajan en autobús.

Bien, tal vez no todos tienen un auto —como yo—, pero la mayoría de la gente que existe tiene un amigo con un vehículo motorizado capaz de trasladarse a la escuela. Además, el autobús escolar apestaba, carecía de aseo y ventilación, pero eran solo diez minutos; solo tenía que aguantar diez minutos.

Cuando el autobús se detuvo unas calles antes de llegar a la escuela, suspiré; una sola persona se subió en esa parada y me pregunté si simplemente no podía caminar, hasta que vi quién se subía: Park Miri

Mis ojos ya chispeaban para el momento en que hizo contacto visual conmigo, demasiado tiempo como para ser normal, así que me di cuenta de que en realidad no solo me miraba a mí, sino al asiento vacío junto a mí. Oh no, no va a pasar.

—¡Espere un momento! —Le grité al conductor antes de que pudiera cerrar la puerta.

Me levanté de mi asiento y pasé junto a ella, chocando mi hombro con el suyo, y finalmente bajé del autobús. Aún faltaban unas calles, pero era preferible caminar a sentarme junto a ella.

Cualquiera que me conociera antes de cumplir catorce sabía la historia. Miri y yo siempre fuimos amigas, las mejores si quería ser precisa; lo fuimos hasta el día en que lo arruinó todo.

Destruyó mi confianza y cualquier posibilidad de seguir siendo amigas. Dejé de ser su fiel seguidora —cosa que realmente me alivia—. No quiero ni pensar qué sería de mí si siguiéramos siendo amigas; no podía compartir el mismo espacio con aquel ser al que despreciaba, simplemente se me hacía insoportable.

Un poco arrepentida de haberme puesto zapatos altos y con un suspiro cansado, al fin estuve frente a la escuela. Mi ánimo era terrible, el día parecía nublado y tenía ganas de volver a casa, eso hasta que escuché su voz gritar mi nombre.

—¡Jia! —Mi mirada vagó por el estacionamiento hasta ver el deportivo rojo y a los dos chicos recostados en él.

Sonreí radiantemente; de repente el día era soleado y feliz de nuevo con solo verlo y escuchar su voz.

Caminó hacia mí al mismo tiempo en que yo lo hacía, intentando manejar las incontrolables ganas de correr hacia él. Sonreí nuevamente cuando él lo hizo.

Cuando estuvimos uno frente al otro, acercó sus manos a mi cintura, haciendo que nuestros cuerpos estuvieran aún más cerca. Su rostro se acercó al mío hasta que nuestros labios se unieron en un pequeño y tierno beso.

—¿Por qué en el mundo vienes caminando? —Traes zapatos altos —dijo una vez que se separó de mí y, aunque parecía molesto, su sonrisa no decía lo mismo.

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