El resto de la tarde transcurrió sin inconvenientes, volví a casa y subí flechada a mi habitación para retomar la lectura que había dejado estancada hacía un par de días pero me fue prácticamente imposible concentrarme, mi mente divagaba y no podía dejar de sentir cierto nudo en la garganta que me hacía rememorar el incómodo momento que había experimentado con mi novio horas atrás. Me sentía avergonzada y culpable por haber generado aquella atmosfera entre nosotros, no quería que lo nuestro cambiase y, a la vez, esperaba que él entendiese que la monotonía acabaría por aburrirme. Pasé entonces a recordar todos los momentos que me hicieron sentir fuera de lugar a lo largo del día, los cuales no huyeron de mi mente hasta que mis ojos se cerraron y caí dormida sobre las páginas del libro.
El despertador sonó a las 6:30 devolviéndome al mundo real; odiaba aquella sensación, el momento en el que se rompía la fina línea que separaba mis fantasías de la realidad siempre me pegaba fuerte, en ocasiones solo deseaba quedarme tumbada sobre la cama y desaparecer durante un tiempo, sentía que así podría ahorrarme muchos problemas. Aquel día sin embargo reaccioné casi al instante al sentir algo mojado en mi barbilla, al alzar la cabeza contemplé como las letras de aquellas páginas abiertas estaban distorsionadas y prácticamente borradas por culpa de mi saliva; no solo había pasado toda la noche dormida con la ropa de la calle sino que además mi libro había quedado todo babeado. Desorientada y asqueada conmigo misma me dirigí al baño para darme una ducha. Retoqué mi pelo, escogí un coqueto vestido de flores en mi armario y, tomando un bolso en el que llevar un par de cuadernos y un bolígrafo bajé de nuevo a la cocina donde me esperaba mi madre con el desayuno preparado. No tardé en devorar las tortitas y para cuando terminé, el timbre de casa sonó como un reloj.
Julián y yo pusimos rumbo a mi segundo día de clases sin a penas dirigirnos un par de palabras en el trayecto, este hecho me dio tiempo para reflexionar sobre todo lo que se me vendría encima nada mas pisar el instituto. Sabía que Luna estaría en mi clase porque ella misma lo había dicho, sin embargo, no recordaba que ningún profesor lo hubiese mencionado; eso me hizo sentir ligeramente expuesta e intimidada "Si nunca se dijeron las clases en conjunto, ¿Por qué sabía que estaríamos juntas?"
Al llegar a la entrada Julián besó mis labios fugazmente y tomó mi mejilla con sus manos.
— Buena suerte hoy ovejita, esperemos que no se te acerque mucho quien tu y yo sabemos—. Dirigió la cabeza hacia su derecha señalando a una solitaria Luna que entraba a clase escuchando música y sin prestarnos la más mínima atención.
— Esperemos...— contesté casi por instinto.
Tomé una de sus manos y le di un beso en ella a modo de despedida.
— Luego nos vemos ¿va? —. añadí, él sonrió victorioso y se perdió entre la muchedumbre de los alumnos en dirección contraria.
Y así fue como me quedé sola de nuevo, rodeada de cientos de caras que aún no conocía, en un edificio cuyas paredes albergaban mi futuro, un futuro que estaba aún por descubrir.
Me abrí paso entre la gente y logré alcanzar la puerta de la entrada entre empujones. Desorientada deambulé por los pasillos que vagamente ya conocía hasta dar con la que sería mi aula durante todo el curso. No os voy a engañar , aún esperaba escuchar a mi espalda la aguda voz de Marie invitándome a entrar y diciendo que todo aquello había sido una broma; quería aferrarme a aquella idea como un niño hace con un caramelo, sin embargo y, muy a mi pesar, no hubo suerte.
Al cruzar el umbral pasé a encontrarme en un aula bastante cutre a mi parecer, a pesar de la amplitud de las ventanas así como su luminosidad el lugar no dejaba de parecerme claustrofóbico. Tomé asiento en la primera fila pegada a la ventana y esperé a la llegada del profesor ensimismada en mi libro babeado.
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Como si fuera pecado
Teen FictionImagina que todo lo que siempre has rechazado se vuelva parte de tu realidad mas absoluta. El amor es una de las mejores razones para dar un drástico cambio en tu vida y, una de las menos buscadas. El amor no se elige, el amor llega y te rompe todos...
