Nunca nada me había roto tanto como esa palabra en ese preciso momento, supongo que fue entonces cuando todo lo que había estado reprimiendo salió, el falso vigor se desvaneció y me hice un ovillo a su lado, todo empezó a verse cristalizado a mi alrededor y unas frías gotas saladas ya bien conocidas comenzaron a empapar mi rostro dejando un leve escozor a su paso.
Mi cuerpo, aún tenso, mantuvo el temblor de manera constante y ascendente. Mi mente, en contraposición, se encontraba bajo la quietud que mi sistema nervioso era incapaz de alcanzar, algo me impedía procesar todo lo que estaba ocurriendo, mi cabeza estaba en blanco y a la vez, mi mundo interior era un cúmulo de emociones contradictorias a las que era incapaz de poner nombre. Alcé la cabeza para mirar al techo, para perderme, entre sollozos intenté entrar en calma y, como si alguien hubiese taladrado el muro de una presa, todo empezó a fluir dentro de mi.
"No te mereces eso", "¿Por qué nunca dijiste nada?", "Quiero entenderte", "No me des las gracias por algo de lo que puede que me esté arrepintiendo"... de repente todas las posibles respuestas a su agradecimiento comenzaron a deslizarse por mi mente, generando un sentimiento de incertidumbre sobre lo que responder, eran tantas las cosas que revoloteaban en mí y que sentía necesario expresar, pero a la vez, tenía tanto miedo de no saber elegirlas sabiamente y meter aún mas la pata. Toda la valentía que había demostrado unos momentos atrás parecía haber consumido mis recursos sociales, dentro de mí se estaba librando una batalla interna que, si bien no pudo durar mas de dos minutos, me hizo replantearme muchas cosas.
Me enfadé conmigo misma por pensar que, en parte, aquellos chicos tenían razón, por haber decidido ponerme en el punto de mira de un fusil que no me apuntaba; me enfadé con la gente que lo presenció por quedarse impasible ante la situación; pero también me sentí bien, sabía que, en cierto modo, había hecho lo correcto, lo que cualquiera debería haber hecho ante una escena de acoso, agradecía haber estado ahí en ese momento y solo podía pensar en lo mucho que me gustaría poder entenderlo mas allá de un simple "eso ha sido injusto". Todo en mí estaba desordenado y, sin embargo, había tantas cosas que le quería decir ¿Sabes ese miedo que te impide hablar? El que te mantiene inquieta por encontrar el momento preciso para soltar todo lo que llevas dentro. Así me sentía, incapaz de dar con la tecla que me hiciese expulsarlo todo y, entonces, sin saber por qué, me lancé, sin pensar, solo rompí la barrera.
— No...se si quiero que me des las gracias, no creo que me lo... — Emitir aquellas palabras dolió mucho mas de lo que pudiera haber siquiera imaginado, se me hizo un nudo en la garganta y un par de lágrimas volvieron a brotar .— No merecías eso, nadie merece ser tratado así y dan igual los motivos.
Giré ligeramente la cabeza para observarlo, Alex se encontraba en una postura similar a la mía. Con la espalda pegada a la pared, los brazos rodeando sus piernas flexionadas y la mirada perdida en algún punto del suelo. Pude reconocer cierto brillo en sus ojos, mis últimas palabras le habían calado y se aferraba las manos con fuerza.
— Alicia, eres una buena persona, me alegro de haberte conocido.
Alzó la mirada, como si supiese exactamente el punto en el que se iba a encontrar con la mía. A pesar del hinchazón en su mejilla y la acuosidad de sus ojos, me miró sonriente, con la expresión mas pura que jamás había visto y sentí una fuerte punzada en el pecho, sentí, por primera vez, que no podía creerme lo que acababa de decir y no por él, sino por mi. Avergonzada, aparté la vista.
— ¡No me digas eso! No lo entiendes, me alegro de haberlo hecho pero ojalá nunca me hubiese metido. Lo que han hecho ha estado horrible, pero no se hasta que punto podrían tener razón. Y me da rabia porque me encantaría ponerme en tu situación, de veras que si, pero no se qué debería pensar o cómo debería actuar, ni siquiera se cómo debería tomármelo. Todo esto... — Mi monólogo iba agarrando velocidad a cada palabra que pronunciaba, salían disparadas de mi boca sin hacer caso hacia donde apuntaban o la fuerza que tenían.— Creo que necesito tiempo para asimilarlo, siempre pensé eran temas muy lejanos a mí.
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Como si fuera pecado
Fiksi RemajaImagina que todo lo que siempre has rechazado se vuelva parte de tu realidad mas absoluta. El amor es una de las mejores razones para dar un drástico cambio en tu vida y, una de las menos buscadas. El amor no se elige, el amor llega y te rompe todos...
