Lo recuerdo bien, era un bonito Lunes de principios de Noviembre, de estos en los que el sol brilla con el mínimo de su potencia pero que aún así, el reflejo de sus rayos sobre las hojas caídas de los árboles, ahora desnudos, pinta de tonos ocres el jardín de entrada del colegio. Acababan de dar las dos y media de la tarde, fin de la jornada lectiva, aquel día, por algún, había decidido quedarme un poco más en clase para preguntarle alguna duda al profesor. El incidente con Alex a penas unas semanas atrás nos había unido mas de lo que me podría haber llegado a imaginar nunca. Cuando nos enteramos de lo cerca que vivíamos el uno del otro empezamos a volvernos juntos de clase, a excepción, claro está, de los días que Julián se pasaba a recogerme.
Todo esto me permite situaros un poco más en el contexto para que entendáis por qué le pedí a Alex que me esperase afuera. Os prometo que a penas pasaron 10 minutos hasta que salí del aula con el objetivo claro de reunirme con mi amigo en la puerta del instituto, sin embargo, la escena que me encontré poco se parecía a lo que imaginaba ver.
Marco y su grupo de tres hacían un corro a escasos metros de mi amigo, que, intuyo, se encontraba apoyado en la pared del edificio esperando mi llegada. Aún no mucha gente se había percatado de la situación y, entre risas y cuchicheos los chicos empezaron a dar golpes tontos en el hombro de Alex haciendo que su móvil acabase en el suelo. En ese instante, noté como toda la sangre se me bajó a los pies y me quedé paralizada, las fuerzas de la última vez parecieron ser solo cosa del pasado y, ante el sentimiento de impotencia un sudor frío recorrió mi espalda.
— Te prometo que esta situación ya me parece absurda, hoy si que no, me niego— . Fue lo primero que escuché de una voz que ya empezaba a sonarme bastante familiar.
La silueta de Luna cruzó a ritmo efusivo y determinante paso el jardín, hasta acercarse lo suficiente a la escena como para poder calificarla como parte de la interacción. A su espalda, sus amigas la contemplaban expectantes a escasos metros de distancia de mi persona con todo tipo de expresiones dibujadas en sus rostro, bien fuera miedo, bien fuera orgullo o decepción, de lo que si estoy segura es de que ninguna mostraba indiferencia.
Se situó a la espalda de los chicos, mas bien cerca del centro del jardín, previa aclaración de la garganta, se llevó las manos a la boca con la intención de amplificar el sonido y, sin mas preparación ni reparo, grito tan fuerte como sus pulmones le permitieron, haciendo que, durante unos segundos el lugar quedase en completo silencio.
— ¡Soy lesbiana! Para los cortitos ¡Me gustan las mujeres!—. De manera casi automática consiguió captar la atención de fácil un 80% de los presentes, entre ellos Marco y sus amigos que, inevitablemente ya que eran los que estaban mas cerca, se giraron ante el sobresalto, sus caras, sin embargo, no eran para nada de sorpresa.— ¡Es lo que soy, no me escondo, y quien tenga algún problema con ello le invito a que tenga los cojones de venir a echármelo en cara! Porque aquí parece que hay gente que tiene tan poco claro lo que es, que se mete con los demás por lo que si son.
Todas las miradas pasaron de Luna a Marco, el murmullo comenzó a hacerse notorio, la influencia de aquella chica en la gente era mas que evidente y en aquel momento no pude hacer otra cosa mas que redimirme a sus pies y dejar que el sentimiento de elevación me llenase por completo. He de admitir que la admiré, admiré su seguridad y le quise aplaudir, y por un momento, quise ser ella, mirar al mundo y enfrentarlo de la misma forma en la que solo ella era capaz.
Los acosadores empezaron a intercambiar frases nerviosas e intentos de risa entre ellos, buscaban burlarse de la situación, pero la penetrante mirada de Luna era inexpugnable y podría haber fulminado a cualquiera que se encontrase en su camino. Supongo que justo porque buscaba evitarla, la de Luna y la de los juiciosos ojos del resto de los presentes, Marco se volvió de nuevo a Alex, bastante mas tenso que antes.
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Como si fuera pecado
Teen FictionImagina que todo lo que siempre has rechazado se vuelva parte de tu realidad mas absoluta. El amor es una de las mejores razones para dar un drástico cambio en tu vida y, una de las menos buscadas. El amor no se elige, el amor llega y te rompe todos...
