Capítulo 9

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Las primeras dos semanas se me pasaron volando, mi relación con Alex mejoró muchísimo, descubrí muchas cosas sobre él, como por ejemplo que era un año mayor que yo y que había repetido curso algún tiempo atrás, que él también había estado en colegios privados o concertados hasta la fecha, donde había decidido probar en uno público por petición de sus padres porque, a todo esto, tenía intención de no volver a pisar un instituto en su vida pero, al parecer, su abuela era una señora bastante insistente que supo dar con las palabras exactas para convencerlo. Desconocía por supuesto sus motivos y tampoco me atreví a preguntar, no quería hacerle sentir incómodo, sabría que cuando se encontrase bien haciéndolo, lo haría. He de reconocer que me pareció una persona encantadora, conectamos con mucha facilidad y realmente parecía alguien incapaz de romper un plato, cosa que me dio mucha ternura y me hizo sentirme aún mas cercana a él. Creo que justo esa cercanía es la que mas adelante me obligaría a salir de mi zona de confort y abriría los ojos mucho mas de lo que nunca hubiera imaginado.

Por otro lado, mi relación con Julián se mantuvo ciertamente tensa, al parecer yo era la única que lo notaba porque cada vez que intentaba sacarle el tema se limitaba a poner caras raras y a negar por completo que algo estuviera pasando, es por ello que decidí dejarlo fluir. No estábamos mal, no era eso, simplemente...habíamos estado mejor, por supuesto no volví a dejarme llevar, su reacción ante mis impulsos me había hecho sentir tan mal conmigo misma que me llevaron a replantarme seriamente si verdaderamente aquello había sido tan escandaloso como me lo hacía ver. No fue hasta la misa de ese mismo domingo, el de la primera semana, que por fin sentí que hacíamos las paces del todo, ir a la iglesia resultaba algo terapéutico para mi, y se que para él también. Ambos entendimos que no merecía la pena seguir culpándonos, o al menos eso es lo que vi reflejado en él, y eso nos llevó a sus consecuentes disculpas por ambas partes.

En lo que a Luna se refiere, he de reconocer que había algo que me chocaba, las piezas del puzle no terminaban de cuadrar y eso me perturbaba. Mis ideas no encajaban del todo con sus acciones, estaba encontrando un tipo de bondad que no terminaba de entender. Pensé varias veces en hablarle de ella a Marie, o incluso a Julián, para que me ayudasen a encontrar una explicación; mas sabía que eso solo me llevaría a mas problemas, se limitarían a criticarla y en cierto modo sentiría que yo también debía hacerlo y dejar de darle tantas vueltas, sin embargo, era un tema que pesaba demasiado como para dejarlo estar, tendría que aclarar mis ideas, y tendría que hacerlo sola.

Mis padres, dentro de lo que cabe y gracias a mis sorprendentes dotes interpretativos, estaban bastante tranquilos al respecto, tras "hacer las paces" con mi novio decidimos no volver a tocar el tema de lo del día de las presentaciones y todos mis temores se disiparon.

En este pretexto la vuelta a clases se me hizo mucho mas amena que la del Lunes anterior, ahora no me sentía tan sola, ya conocía a algunos profesores, sabía que Marie estaría allí todos los recreos y además gracias a Alex las clases se hacían mucho mas livianas. A pesar de todo, aún no encontraba el momento de invitarlo a venirse con nosotras durante los descansos, sentía que igual podría violentarle la situación y no quería meterlo en un compromiso con el que no se sintiera cómodo porque, si algo había aprendido de él, es que era una persona con muchísimas inseguridades, de hecho, seguía prefiriendo pasar el tiempo del patio solo en clase o escondido en la biblioteca, y yo no quería ser quien le hiciese renunciar a ello.

De vez en cuando él y Luna hablaban de manera superficial, ella era una chica muy sociable y, a pesar de sus pintas y su carácter ciertamente prepotente, era una persona que agradaba a todos aquellos que se encontraban a su alrededor, casi parecía ilógica su facilidad para entablar amistades con todo tipo de personas, pero, otra vez mas, allí estaba ella, rompiendo mis esquemas.

Todo se mantuvo en esa línea, me empecé a acostumbrar a mi nueva normalidad y volví a conseguir pasar desapercibida entre la gente, o al menos hasta aquel día.

Como si fuera pecadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora