Capítulo 8

26 2 0
                                        

— ¡Alicia! ¡Estoy aquí!

Y finalmente la oí, aquella voz familiar que automáticamente me transportaba a un lugar seguro; tras varios minutos dando vueltas en la inmensidad del patio de recreo, por fin había dado con Marie, que apareció ante mi como un salvavidas que vestía un coqueto outfit colorido y su oscuro pelo recogido a la perfección en una cola alta, tal y como lo acostumbraba a lucir.

— Diossss, no imaginas lo mucho que te he echado en falta a mi lado en clase.— Casi instintivamente me lancé sobre ella para fundirme en un abrazo.

— A mi también me habría gustado que estuviésemos juntas pero, ¿Qué se le va a hacer? Así conoceremos a gente nueva.

 Si, claro que devolvió el abrazo, pero he de reconocer que algo en su forma de responder me dejó una especie de nudo en la garganta, realmente parecía que mi presencia allí no significaba para ella lo que para mi la suya, y por un momento sentí cierta envidia, porque de verdad parecía que esta salida de su zona de confort la reconfortaba en cierto modo, cosa que, no me malinterpretéis, admiro y entiendo; aquella chica había pasado toda su vida enfrentándose a cambios drásticos constantes, y supongo que una se acaba acostumbrando, pero no dejaba de sentirme un escalón por debajo y no quería, bajo ningún concepto, sentirme aún mas dependiente. Es por esto que decidí dejarlo pasar, quizás tenía razón, lamentarme no iba a servir de nada, y solo podía intentar enfocar todo aquello desde una nueva perspectiva, pero ¿Cómo hacerlo? Aún no me veía capaz, quizás solo eran paranoias mías, en cualquier caso, decidí que lo mejor era esperar.

Pasamos gran parte del tiempo libre charlando, nuestra conversación derivó y trató temas como la charlita con la directora que había tenido el día anterior, donde le conté como había logrado salir impune y dejé caer entre líneas que Luna era una chica que me había "sorprendido" cuanto menos, hablamos también del almuerzo de Julián en casa y de nuestro pequeño malentendido. Adoraba nuestros ratitos de tertulia, ante todo Marie era alguien que sabía escuchar, y eso siempre se lo agradecí infinito.

Recuerdo que ella estaba narrando una de sus rutinarias peleas con su hermano cuando mi mente desconectó, quizás estaba harta de oír aquellas historias regidas por un mismo guion, o quizás solo encontré algo que captó mi atención con aún mas fuerza. Alex, mi compañero de mesa, el chico que se había quedado callado y sentado en su sitio al terminar la clase, salía a sollozos del baño de los chicos para introducirse corriendo en el de las chicas. Sorprendida alcé una ceja, no sabía muy bien qué pensar, sin duda aquel instituto y su gente no dejaban de sorprenderme, para mal.—¿Por qué un chico se iba a meter en el baño de las chicas si no por pura lujuria?—. Puse los ojos en blanco y me negué a creer aquello, Alex no parecía para nada esa clase de chico, y sin embargo, allí estaba.

Tras él salieron del baño un grupo de chicos entre risas, y lo inextricable de la situación mantuvo mi atención completamente sobre ella, la voz de Marie había pasado a un segundo plano y me limitaba a asentir con la cabeza cada cierto tiempo para disimular mi ausencia. Los chicos se habían retirado a la otra punta del recreo con aires victoriosos y, minutos mas tarde Alex salió del baño mirando hacia todas direcciones, como si temiera ser visto, y caminó hacia las escaleras de la puerta donde, tomó asiento en solitario.

La situación me dejó con muy mal cuerpo, verle tan tenso me hizo pensar que realmente algo le aterrorizaba, y, pese a lo que acababa de contemplar, no pude evitar empatizar con el; a fin de cuentas estábamos un poco en la misma situación, solos en un lugar nuevo y desconocido hasta el momento. Quise ponerme en su situación y excusarlo de algún modo, quizás solo necesitaba algo de compañía y por eso había hecho aquello, en busca de atención, o, a lo mejor, quién sabe, se había visto obligado a cambiar de baño por algún motivo.

Como si fuera pecadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora