CAPÍTULO III: LA APUESTA FINAL

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Ambos permanecieron en un silencio incómodo y tenso.


Las muñecas de Shen Qingqiu picaban debido a los cables de vinculación inmortal. Eran como una serpiente roja cuyo veneno lo dejaba indefenso.


Y lo odiaba.


Odiaba ser prisionero de Luo Binghe. Odiaba el destino que había tenido el demonio. Odiaba cómo su vida se había derrumbado. Su mundo ya había empezado a romperse y los pedazos que caían se convertirían en su tumba.


Y —sobre todo— odiaba el remordimiento que crecía cada vez más salvajemente en su interior.


A Shen Jiu le gustaba odiar.


El odio ardía infinitamente. Nunca desaparecería sino que crecería y se multiplicaría conforme pasara el tiempo.


Pero el odio que sentía dentro de sí se había vuelto menos intenso y violento aquella noche, dejándole solo la fatiga, la vergüenza, la impotencia y el miedo. 


Tenía sueño y estaba lleno de resentimiento.


Ya no sentía que su cuerpo le perteneciera.


Shen Qingqiu cerró los ojos y respiró.


— Terminemos con esto — dijo, suspirando.


La curiosidad anterior de Luo Binghe parecía haber disminuido considerablemente dejando entrever más furia con cada descubrimiento que hacía. 


Sentía que la decepción inundaba el ambiente aunque para Shen Qingqiu no había diferencia alguna.


En primer lugar jamás le había entusiasmado ese juego.


Aún así —a medida que el demonio perdía interés— el cultivador ganaba confianza.


Lo lamento, Binghe. Haré trampa. Necesito ganar.


Shen Qingqiu lo miró fijamente. Su orgullo resquebrajado le daba fuerza.


— Apostemos con nuestro número de asesinatos — dijo — Mostrémosle el uno al otro nuestros recuerdos. Quien haya asesinado a la mayoría de personas inocentes, pierde.


Luo Binghe finalmente sonrió. Su sonrisa volvió a ser peligrosa, oscura... saboreaba su victoria antes de tiempo.


Sin embargo —para Shen Qingqiu— su discípulo ya no parecía tan intimidante.


Además ahora tenía una oportunidad de vencerlo.


— Empieza tú — el Señor de Pico tomó asiento sobre la cama y apoyó la espalda contra la cabecera — No confío en ti y estoy seguro que me mostrarás menos muertes de las que has cometido para después alegar haber ejecutado menos asesinatos de los que yo he perpetuado.


Luo Binghe suspiró. 


Parecía decepcionado.


— Siempre piensas lo peor de este discípulo, Shizun.

APOSTANDOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora