No ha de ser suficiente mentir

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Grandes secretos, cubiertos y formados por un esqueleto de pequeñas mentiras blancas.
Pretendemos mantener en secreto, secreto a voces, algo que nunca ha de tener lugar.
Es tan triste, pintando los lugares, la ciudad, de los más brillantes azules.
En nuestras manos corren vertientes, ríos, de pigmentación.
Corren pigmentación, emociones, llenas y vacías.
Emociones vacías del sentimiento que una vez supo ser la esencia de las mismas.
Crónica ausencia de una felicidad que supo ser efímera. 
Carente de amor, se consume lentamente en la ambigua pigmentación que queda como, únicamente, recuerdo de lo que supimos ser. Ojalá. Lo que quisimos llegar a ser.
Se ahoga en un intento por rescatar algo de su esencia, se ahoga y hunde en un río seco.
Un río que en su momento supo estar repleto de esperanzas, lágrimas, emociones y sentimientos de los que hoy solo queda el recuerdo.
Cuando el recuerdo aumenta y los sentimientos disminuyen, cuanto menos sentimos, más seco se hace el río. 
Se ahoga y grita los más silenciosos alaridos en un intento por rescatar algo del amor que una vez lo unió a lo que hoy en día lo separa.
Pigmentación llena de ambigüedades que la conforman, siendo estás el motivo, actual, por el cual la misma representa un color.
Pigmentación vacía, representación de la culminación máxima de nuestra existencia, parecida a la nada pero apreciable en azules y negros.
Es tan triste, pasamos de ser nosotros para ser ellos, aquellos que se conocen y desconocen en un intento por no reconocerse.
Pasamos a ser aquellos que sin quererlo, o queriendo, se enredaron en el esqueleto de pequeñas mentiras blancas que construyeron.
Enredados en secretos a voces, esperamos impacientes por estallar.

La poesía en tus ojos, mentira Donde viven las historias. Descúbrelo ahora