Emoción y razón

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Arlene rodó sobre la cama de Ander sintiendo cómo la sábana azul se enredaba en su cuerpo desnudo. Mientras bostezaba se preguntaba si se había quedado dormida mucho tiempo, pero al escuchar el sonido del agua de la ducha caer supo que no habían sido más de cinco minutos, ya que el cantante todavía se estaba aseando. Con intenciones de coger su teléfono móvil extendió el brazo hacia la mesilla de noche por costumbre, pero recordó que lo había guardado en el bolsillo de su chaqueta, y que esta última se encontraba tirada en algún rincón del apartamento. Con curiosidad por saber qué hora sería y con el propósito de levantarse, tanteó con la palma de la mano el pequeño mueble en busca del interruptor de la lámpara. No le vendría mal algo de iluminación para que encontrar su ropa interior no se convirtiera en un reto: los días en aquella época del año no eran largos, por lo que hacía unos minutos que por la ventana de la habitación ya no entraba claridad.

Aquel domingo no tenía nada que hacer y tampoco nadie que la esperase en casa, pero prefería no quedarse allí más tiempo del necesario: no porque no se sintiera cómoda, sino porque le gustaría ser precavida y no caer en los errores que ya había cometido en el pasado. Hacía cuatro años, en el tercer o cuarto encuentro ya se había aferrado a Ander como si de un clavo ardiendo se tratase, como si no hubiera nada más en el mundo que él. Sentir aquella devoción no era su intención ni algo que hubiese podido vaticinar, pero en él encontró un refugio en el que, para su sorpresa, se encontraba segura y querida, lo que provocó que se volcara en él como no lo había hecho jamás con nada ni con nadie. Como era de esperar, aquella actitud evolucionó en muy poco tiempo en algo mucho peor: en una dependencia.

Sentirse ilusionada era inevitable, pero no quería que su existencia girase alrededor de Ander ahora que había reaparecido, o al menos aquellas eran sus intenciones. Era hora de aplicar toda la teoría aprendida en muchas de las citas que había tenido con su psicóloga, aunque a su vez le surgían dudas que todavía no podía resolver. A pesar de ello, partía de la base de que tenía una vida, un trabajo, unas metas individuales que quería alcanzar, una amiga maravillosa que estaría con ella en las buenas y en las malas, y una hermana pequeña que admiraba. Ahora sabía que no estaba sola, ya no podía decir que solo lo tenía a él. También había aprendido a pasar tiempo de calidad consigo misma, a quererse algo más. Sin embargo, ¡qué difícil se volvía todo tras su regreso!

Presionó el interruptor de la lámpara e iluminó, entre otros objetos, un teléfono móvil negro que descansaba junto a una fina cadena de oro, en la mesilla de noche. Arlene, escuchando todavía el sonido de la ducha se atrevió a pulsar el botón de desbloqueo con su dedo índice para comprobar la hora. La luz del aparato se reflejó en su rostro, fue entonces cuando su mente evocó una escena del pasado: una semana después de haber conocido a Ander se encontraron en una famosa zona de bares, como si el destino quisiera ponerlos a prueba de nuevo.

—Oye, Peligro. —El joven hizo un esfuerzo por ser escuchado y llamar su atención.

Arlene iba caminando con su grupo de la universidad, pero percibió aquella voz que le resultó conocida y se dio por aludida. Frenó en seco y desvió la mirada hacia la entrada de un restaurante de hamburguesas y bocadillos, encontrándose con los ojos oscuros de Ander y su sonrisa ladeada. Aunque había pensado los últimos días en él, no se habían comunicado desde su último encuentro, por lo que se sorprendió al sentir su corazón latir con fuerza: no sabía que alguien pudiera provocar aquello en ella, sobre todo en tan poco tiempo.

Avisó a Valeria antes de alejarse del grupo, que no dieron importancia a la marcha de la joven, ya que estaban preocupadas por la posibilidad de no encontrar un local en el que cenar. Las calles estaban abarrotadas y no eran muchos los bares con mesa para seis, y si a eso se le añadía que una de ellas quería menú con opción vegana, las posibilidades se reducían todavía más.

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