Epílogo

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Bogdan Gnatovich.

Sonreí alegre al salir del aeropuerto y ver los grandes edificios muy propios de New York.

En general la ciudad era hermosa pero ahora que el blanco la vestía como si de un chal se tratara, con las luces de colores que estaban por todos lados y la dulce melodía de los villancicos que se mecía por el viento, me hacia enamorarme aun más del lugar.

Aspire emocionado llenando mis pulmones con el olor a galletas y chocolate caliente que emanaba por todo el sitio, acomode mi gorro al sentir la cálida brisa que comenzaba a soplar.

Como cada año, desde hace 6 años, viajábamos desde el 20 de Diciembre de Barcelona a New York para pasar las fiestas patrias con la familia de Ivan.

—¡Papá!—Reconoci esa chillona voz volteando de inmediato.

Mi ahora esposo venia con las maletas en una mano y con la pequeña Nicki en brazos, Dante se sujetaba de su suéter con fuerza.

—Gracias por la ayuda—Dijo sarcastico 

—Lo lamento, sabes que me emociona venir en estas fechas.

Dije apenado tomando mi maleta y la manita de Dante. El sonrió negando pero no dijo nada más.

—Vamos o mi madre me va a matar por no llevarle a sus nietos.

Sonreí caminando hasta la conocida camioneta negra de los Martinez.

El pequeño Dante era nuestro hijo mayor, un lindo niño de ojos verdes y cabellos rubios que habíamos rescatado hace 3 años en uno de nuestros viajes junto a Nico, su familia era nefasta y lo tenían viviendo en pésimas condiciones, asi que peleamos por que se le llevará a vivir a un mejor lugar con las condiciones necesarias.

En el tiempo que fuimos intermediarios por sus derechos terminamos encariñandonos demasiado con el, así que apenas fue posible solicitamos su adopción y después de meses de papeleos tras papeleos el pequeño fue a vivir con nosotros.

Los primeros meses habian sido duros y no sólo por nuestra falta de práctica para cuidar de un niño o bueno, la de Ivan, yo sabía algunas cosas gracias a Nicolas. Pero eso no era el principal obstáculo, era más el pánico y desconfianza que había presentado.

Le daba miedo hacer la mayoria de cosas y era de esperarse cuando el en ese entonces tenia tan solo dos añitos. Pero con el tiempo (Y con terapia) se había convertido en un niño común, muy juguetón y según las personas un niño encantador.

Nicol o Nicki como la llamaba toda la familia, era una chiquilla castaña de ojos azules grandes y la cara llena de pecas, que habíamos adoptado en un orfanato de Barcelona, tenia apenas 10 meses de nacida y era una pequeña bastante inteligente y tranquila apesar de su corta estadía como humana.

Asi qué no habiamos tenido problemas al momento de vivir con ella, solo por los cambios de pañales que (hasta la fecha) nos generaban conflicto y de cierto modo miedo a hacerlo mal y lastimarla.

Pero aún asi seguíamos intentando hacerlo mejor cada día entre todos. Claro que y como era de esperarse la pequeña ya era demasiado celada por los dos rubios.

—¡Chock!—Sonrió emocionado mi pequeño corriendo hasta el.

—¡Mini Ivan!—Le devolvió el gesto cargandolo para darle vueltas—¿Como has estado?

—¡Se me cayeron dos dientes!—Dijo emocionado mostrando las ventanas en su boca.

—Esa es una señal de que eres un niño grande ahora.

El chico del cine Donde viven las historias. Descúbrelo ahora