Kenma no sabía qué decir. Estaba bloqueado.
«¿'Lo que prefiera'? ¿Qué quiere decir con eso?»
El camarero apareció al poco rato para llenar el incómodo silencio que se había instalado entre ellos. Bueno, incómodo al menos para Kenma, porque Kuroo parecía estar disfrutando del bochorno de su amigo. Kenma jamás lo había visto tan sonriente. Aunque había algo distinto en su sonrisa, algo malicioso, como un niño que ha hecho una travesura, pero tiene por seguro que nadie lo sabrá jamás.
Kenma se había preguntado muchas veces cómo sería tocar el cielo, si es que algo así existía, pero cualquier atisbo de duda se disipó cuando dio el primer bocado a su roastbeef. Esa carne tierna y salada se le desahacía en la boca. Era lo mas delicioso que había probado nunca, y dudaba poder probar nada que lo superara. Había olvidado, de golpe, su conversación con Tetsuro.
—¿Quieres probar? —le preguntó Kuroo con un trozo de chuleta pinchado en el tenedor. Kenma dudó. Olía muy bien. La chuleta, aclaro, no Kuroo. Kuroo también olía bien, pero él prefirió apartar eso de su mente y concentrarse en la chuleta.
Al final cedió y dejó la boca entreabierta, esperando el tenedor. Kuroo sonrió satisfecho al verlo deleitarse con el bocado. Sin embargo, ni siquiera la chuleta de Kuroo se comparaba al roastbeef.
—¿Te gusta?
Lo dijo con voz melosa, mirándole a los ojos con esa malicia que lo caracterizaba, y Kenma por poco se atraganta. Kuroo alzó una ceja y rió por lo bajo.
—¿Te encuentras bien?
—Sí, sí. Está —Tosió antes de terminar la frase—...rico.
—Eso que he dicho antes —comenzó entonces su compañero—... Olvídalo. Era una broma, ¿vale? No te estreses.
«A buenas horas», pensó, pero asintió sin más. Después se dedicaron a disfrutar de sus manjares en un riguroso silencio.
•
—30,700 yenes... Madre mía —musitó anonadado Kenma cuando vio la cuenta.
A pesar de que cobraba menos que él, Kuroo no dudo ni un segundo en sacar y firmar un cheque con la cantidad exacta.
—Pues nos han hecho un descuento de diez mil yenes —le susurró al oído. Kenma se ruborizó al sentir su aliento tan cerca, pero fingió sorpresa ante el comentario. Tampoco se le dificultó demasiado, porque semejante rebaja era alarmante, y más en un sitio de tal prestigio—. En fin. Podemos irnos ya si quieres, que todavía te debo una tarta del señor Yamada.
Kenma se mordió el labio al pensarlo. Era demasiado dinero en una misma noche, pero la oferta de la tarta era tentadora. Además, no pasaba nada por un par de yenes más para una tarta, ¿no? Estaba seguro de que su hedonismo lo llevaría por el camino de la perdición, pero en ese momento todo le daba igual. Solo quería tarta, así que asintió con efusividad y Kuroo le revolvió el pelo con cariño. Kenma sintió que se derretía por el gesto.
Montaron en el coche de Kuroo, porque Kenma jamás había aprendido a conducir, y se dirigieron a la tienda del señor Yamada. Sin embargo, apenas habían arrancado el coche cuando se dieron cuenta de la hora que era. Eran más de las once. La tienda estaría cerrada. Kozume torció el gesto y Kuroo sintió una punzada de culpabilidad en el pecho. Le había prometido una tarta. Lo había hecho salir de casa, algo de por sí aterrador para él, con la única promesa de comprarle una tarta, y ahora no podía cumplir su promesa.
—¿Quieres que hagamos una tarta? —propuso entonces.
—¿Nosotros? —Kenma entornó los ojos con curiosidad. No le desagradaba del todo la idea.
—Sí. Creo que tenemos todos los ingredientes que nos hacen falta en el apartamento —aclaró con una sonrisa cálida y brillante. Kenma sonrió también, sin darse cuenta, y a Kuroo le pareció tan bello en ese momento, que no pudo evitar inclinarse hacia él y alargó la mano para rozarle la mejilla. Ambos se sobresaltaron ante el gesto, pero sus miradas se mantuvieron unidas, como atadas por un hilo invisible—. ¿La hacemos?
Kenma no supo qué fue lo que hizo que esas palabras sonaran tan atractivas de sus labios; si fue el contexto, la caricia, la cercanía o el vino. Lo que sí supo en ese mismo momento es que tenía una erección y ni la más mínima idea de qué hacer para ocultarla. Se removió en su asiento y subió los pies, apoyando la cabeza en sus rodillas. Eso bastaría por el momento.
—Vamos a...hacer la tarta —concluyó con la mayor normalidad posible, y apartando la mirada.
—Vale. —Kuroo rió, incómodo, y condujo de vuelta a casa en silencio.
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HAIKYUU - KuuroKen Timeskip Roomates
FanfictionKuuro y Kenma son adultos y viven juntos desde hace tiempo. Estas son anécdotas y situaciones cotidianas de su vida como compañeros de piso.