Capítulo 29

1.3K 54 26
                                        

•|1 de enero de 2020, Córdoba, España|•

- ¡Feliz año nuevo! - Felicito a mi hermano a través de una videollamada.

- Igualmente, peque...  Aquí en casa todos te mandan saludos - añade. - Deberías haber venido a Madrid con toda la familia - comenta otra vez.

- No seas pesado - bufo rodando los ojos. - Poco a poco, ¿recuerdas?

- Sí, pero me parece frustrante no haber abrazado a mi hermana desde julio del año pasado - se queja. - Han pasado muchos meses, Irene...

- Lo sé, lo sé... Y te prometo que pronto nos veremos - le aseguro. - Tal vez vaya a verte a alguna carrera.

- Eso sería genial - opina mi hermano. - Todos los chicos te extrañan muchísimo, y están deseando el día en que puedan retomar el contacto contigo.

- Terapia de choque, hermano - le recuerdo.

Él asiente y sonríe. Mira un punto por encima de mi hombro y solo unos segundos después siento unos brazos rodeando mi cintura.

- Hola, cuñadito - saluda Maya a mi hermano con tranquilidad.

- Hola, Maya - saluda con una sonrisa. - ¿Me la estás cuidando bien?

- Sabes perfectamente que sí, Carlos... Jamás le haría daño - asegura la alemana dejando un beso sobre mi hombro.

Yo giro la cabeza para contemplar a mi chica y su boca cubre la mía con suavidad.

- Vale, sí, muy lindas, pero no os paséis - nos frena mi hermano.

Los tres reímos y hablamos por un rato, y finalmente cuelgo a mi hermano y me dedico única y exclusivamente a mi chica, a mi Maya.

- Si me hubieses dejado ayudarte a pagar el billete a Alemania podrías estar allí con tu familia - murmuro acariciando su pelo.

- Ya te he dicho que no estoy contigo ni por tu fama ni por tu dinero - replica molesta. - Yo sola me puedo mantener...

- Y no lo niego, pero no tiene nada de malo que me dejes ayudarte - respondo con suavidad.

La alemana parece enfadada, y me regaño a mí misma por sacar el tema justo ahora, cuando todo iba tan bien.

- No soy tu obra de caridad, Irene - gruñe en alemán.

Yo suspiro y niego con la cabeza, atrapando entre mis dientes el piercing de mi labio inferior. Me paso la mano por el pelo y vuelvo a suspirar.

- No, no lo eres - le doy la razón.

- Pues deja de tratarme como si lo fuera - pide con brusquedad para luego levantarse y encerrarse en su habitación.

- Muy hábil, Irene - me riño a mí misma en voz baja.

Recojo la mesa, en la que quedan los restos de la cena de noche vieja tan exquisita que preparamos y pongo el lavavajillas en marcha. Luego, camino hacia el sofá, donde Quila, Troya y Hestia duermen ocupando todo el espacio y me siento a los pies de este, con la intención de videollamar a mis mejores amigas.

- Hola hermosas - las saludo cuando se unen a la videollamada.

- Hola renacuaja - saluda Emma.

- ¿Cómo está nuestra chica ocupada? - Pregunta Paola.

- Pues acabo de discutir con Maya, pero... Se le pasará - murmuro no demasiado convencida. - Ya entiendo a esos hombres que dicen que las mujeres somos complicadas... Lo somos - comento divertida.

- Dímelo a mí - suspira Emma. - Mi chica está con su familia así que no hemos tenido ocasión de discutir - bromea la española.

- Yo no tengo pareja así que estoy divinamente - alardea la italiana.

¡Buenos Días, Princesa! #1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora