capítulo 6

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Taehyung pasó con sus padres los tres días siguientes. Las fiestas, básicamente, consistían en comer, comer y comer, e ir a visitar a los parientes. Debido a tanto ajetreo, apenas pudo pararse a pensar en todo lo ocurrido. Estaba deseando que llegase el viernes por la noche porque sus padres se irían fuera de la ciudad a visitar a unos tíos suyos y tendría la casa para él solito. Eso solo significaba una cosa: llegar tan tarde como le diera la gana y hacer también eso, lo que le diera la gana.

Había quedado con sus amigos el viernes por la noche porque se celebraba una fiesta en el garito de su barrio. Tenía buena pinta: bebidas, buena música y noche de amigos. Perfecta combinación para echar a un lado toda aquella extraña semana. Tras despedirse de sus padres y cenar, se dirigió al bar donde Jungkook, Hobi y Jimin ya estaban esperándolo.

Las horas iban pasando rápido entre risas, copas, algún que otro baile, y Jungkook y Hobi mariposeando con todo lo que llevara faldas. Los amigos con los que habían quedado llegaban a cuentagotas. En un momento de la noche, Jungkook se acercó a Taehyung, que estaba en la barra pidiendo su cuarto cubata.

—¡Oye Tae! ¡Mira! ¡Allí está Hyori! —exclamó, señalando a una muchacha pelirroja de ojos verdes sentada en una mesa junto a dos chicos vueltos de espaldas.

Hyori era el amor platónico de Jungkook. Platónico porque aún no se la había tirado después de meses rondándola. Taehyung estaba seguro de que en cuanto lo hiciera, esa pequeña obsesión la pondría en la siguiente chica bonita con la que se cruzara.

—Anda, ven conmigo. Voy a invitarla a una copa —dijo Jungkook mientras cogía el brazo de Taehyung y lo arrastraba hacia la mesa.

—¡Oye! ¿Y por qué no me invitas a mí también? ¿Es que tengo que tener tetas? — preguntó Taehyung, cogiendo su copa y dejándose llevar.

—Básicamente —contestó con desdén Jungkook. Llegaron a la mesa y se quedaron justo enfrente de Hyori—. Hola, guapa, ¿cómo andas?

Hyori los miró y sonrió. Taehyung comenzó a dar un buche a su copa en el mismo momento en que los dos chicos sentados junto a ella giraron sus cabezas para ver quién saludaba a la muchacha. Abrió los ojos completamente y se atragantó con el sorbo que le dio a su bebida, tosiendo fuertemente y teniendo que apartar la copa de sus labios.

—¡Eh, Tae! Bebe con moderación —dijo Jungkook, dándole unas cuantas palmaditas en su espalda.

«¡¡¿Qué?!! Pero... ¡¿Cómo?! No, espera. ¡¿Por qué?!».

A Taehyung solo le faltaba el dónde y el cuándo para formular las cinco preguntas fundamentales. Pero lo que sus ojos veían no podía ser cierto. Allí estaba, "el machote", "el chulo engreído", al que había sobeteado y mamado hacia unos días. Para su consuelo, el chico no tenía una cara muy diferente a la pasmada que él mismo mostraba.

—¿Estás bien, Tae? —preguntó Hyori.

«¡¿Bien?! ¡¡¿Bien?!!». No, ¡joder! No estaba bien. Estaba noqueado, impactado. «Pero ¡¿qué mierda hace aquí?!».

—Ellos son Choi y Yoongi—prosiguió Hyori—. Choi es mi primo y Yoongi es primo de Choi, así que se podría decir que Yoongi es mi primo segundo. Ha venido por eso de las fiestas para ver el barrio. Vive a una hora de aquí, y le estaba diciendo que es fantástico que haya venido en viernes porque...

Bla, bla, bla.

Taehyung lo mismo podría haber estado escuchando una conferencia de Energía Cuántica. Lo único que su mente procesaba era: Suga, en mi barrio, con mi gente.

El momento de asombro ya había pasado y ambos se miraban fijamente. Parecía que no hubiese nada ni nadie a su alrededor: no gente, no música, no amigos... Solo ellos dos.

—¿Verdad, Tae?

Taehyung reaccionó ante la voz de Jimin. «¿Cuándo ha llegado a la mesa?». Giró su cabeza, parpadeando un par de veces, y preguntó:

—¿Qué?

—Que no hay problema en sentarnos aquí. Llamo a Hobi y nos tomamos unas cuantas más —dijo Jimin, girándose y alzando el brazo para indicarle a Hobi que se acercara.

«¿Cómo que no hay problema? ¡¡Claro que lo hay!!».

Pero cualquiera separaba a Jungkook de Hyori. Además, tampoco podía decirles a sus colegas por qué no podía sentarse allí: «Si, veréis, es que Suga, este pedazo de hijo de puta aquí sentado, me metió su polla a la fuerza, pero vamos, que lo disfruté como un perro chico, y después me dio por chuparle el nabo como si fuera un pirulo tropical. Pero el caso es que nos odiamos a muerte y por eso no puedo sentarme junto a él».

Dos minutos más tarde, estaban todos alrededor de la mesa bebiendo, riendo y charlando. Taehyung intentaba no mirar a Suga, algo difícil, ya que se había sentado justo enfrente. Tras veinte minutos, Suga se levantó. Taehyung lo siguió con la mirada, viendo que se dirigía al cuarto de baño.

«Joder, vaya mierda de noche. ¿Es que ni en mis ratos libres voy a quitármelo de encima? Además, que puta casualidad lo del primito de Hyori. Llevo conociendo a la chica unos cuantos años y nunca había traído a sus primos, porque de ser así, alguien como Suga no me habría pasado desapercibido».

Doliéndole un poco la cabeza y retumbándole la música y el griterío del bar, decidió tomar un rato el aire. Salió por la puerta de atrás porque sabía que habría menos gente. La salida daba a un callejón sombrío que permanecía vacío, a excepción de una persona: Suga.

Estaba fumándose un cigarro, apoyado en la pared del callejón con su rostro mirando hacia arriba mientras inhalaba una calada del cigarrillo. Al escuchar la puerta cerrarse, bajó la cabeza y miró a Taehyung. Lentamente, echó el humo de sus pulmones a través de sus labios.

Taehyung estaba estático en el lugar, observando cómo aquel humo era expulsado. Podría haberse metido devuelta en el bar, podría haber cogido calle abajo y largarse de una buena vez de allí, incluso podría haberse liado a hostias con el idiota ahí mismo. Pero no, no lo hizo, y comenzó a acortar la distancia entre ellos. Taehyung juraría que no quería hacerlo, pero parecía que las órdenes a su cerebro ya estaban dadas, y estas eran mover las piernas hacia Suga. Se paró justo enfrente de él, a medio metro. Suga dio una calada a su cigarro, mirándolo con los ojos entrecerrados para que no le entrara el humo. Apartando el cigarro de su boca y mostrando una sonrisa lasciva, separó sus labios y dirigió el humo sobrante directo a la cara de Taehyung. Este cerró sus ojos, sintiendo la mezcla de humo y aliento rodear su rostro. Tras abrirlos, aquella sonrisa seguía allí. Otra vez su cerebro mandaba órdenes sin que él diera su aprobación. Acortó la distancia y puso las manos sobre la pared, a ambos lados de la cabeza del muchacho. Volvió a acercarse un poco más y le preguntó:

—¿A qué estás jugando, Yoongi?

Aquella pregunta no era una advertencia, ni siquiera estaba cargada de ira. Aquella pregunta era eso, una pregunta con tono de incredulidad.

Suga acentuó su sonrisa y contestó:

—Al mismo juego que tú, Taehyung.

Tras varios segundos examinándose el uno al otro, Taehyung fue a por todas y habló:

—¿Quieres seguir jugando en mi casa?

Suga volvió a dar una calada, pero esta vez soltó el humo de lado y enarcó ligeramente las cejas. Taehyung no supo muy bien cómo interpretar aquel movimiento, pero le bastó.

—Lo tomaré como un sí.

Stigma (Taegi/Yoontae)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora