cap 2

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Los ojos de Sakura se ampliaron con total incredulidad cuando Sasuke se lanzó
de nuevo sobre las plantas, destrozándolas como un hombre poseído.

—¡Detente! —gritó. Él la ignoró y continuó extrayendo los tulipanes del
suelo, asegurándose de que los malditos bulbos vinieran con ellos. Los lanzó lejos
en su propiedad así ella no podía poner sus manos sobre ellos para volver a plantarlos.

Ella apretó la boquilla, enviando una ráfaga completa de agua fría sobre él.
Aun así, continuó rompiendo su jardín.
—¡Para! ¡Por favor, detente! —exclamó. Él sólo desaceleró cuando llegó al estrecho espacio entre sus casas.

Sasuke tuvo que mover sus hombros para poder entrar en el apretado
espacio. Afortunadamente ella renunció a seguir mojándolo. Podría ser abril, pero
estaban en Nueva Inglaterra y eso significaba un radiante sol con una brisa fría.

Su cuerpo se estremeció violentamente cuando se inclinó hacia delante para agarrar
un puñado de tulipanes. De repente algo lo sujetó alrededor de sus tobillos.

—¿Qué demonios…? ¡omph! —Él fue sacado de balance, aterrizando primero de cara en el espeso lodo que ella había creado con su pequeña crisis de agua.
Antes de que pudiera levantarse, ella se arrastró sobre su espalda hasta llegar a esas malditas flores.

Sakura utilizó su pequeño marco como ventaja. Después rápidamente trepó sobre Sasuke y comenzó a desenterrar tantos tulipanes con sus manos como le fue
posible apoyándolos suavemente, pero rápidamente, contra el lado de su casa.

—¡Oye! ¡Deja de hacer eso! —exigió mientras se inclinaba sobre ella para
agarrar sus manos.
—¡Suéltame! —le espetó ella, cavando más rápido.
—¡Lo haría, si no estuvieras en mi maldita propiedad!
Ella echó hacia atrás un codo para moverlo.

Maldiciendo en voz baja Sasuke
se presionó aún más hasta que el cuerpo de ella estaba acurrucado firmemente debajo del suyo. Ella se congeló inmediatamente debajo de él. Tomando ventaja de
su sorprendida reacción, él agarró tantas flores como pudo.

—¡Dije que te quites, no que me aplastes! —aclaró ella. Era lo único que
podía hacer para controlar su respiración. Iba a hiperventilar y a desmayarse. No había duda sobre ello. ¡Un hombre grande y musculoso estaba encima de ella!
Sus sentidos entraron en sobrecarga mientras trataba de enfocar.

Pero todo en lo que podía pensar era en la sensación de su fuerte y duro estómago siendo
presionado contra su espalda. De repente un escalofrío se disparó a través de su
cuerpo, y nada tenía que ver con el agua que se filtraba a través de su ropa.

Entonces la realización fue captada. ¡Un hombre muy grande estaba encima de ella!
—Más te vale que eso no sea lo que creo que es —silbó ella entre los
apretados dientes.

—No lo es. —Lo era—. No te adules a ti misma, amor. —Le espetó, tratando
de no gemir o frotarse contra ella. Estaba un poco sorprendido. No es que nunca tuviera un problema para que se levantara. No lo tenía. Por supuesto que en estos
días su interés en el sexo había decaído un poco.

Infiernos, no podía recordar la
última vez que tuvo sexo, lo que en sí mismo era patético.
Él hizo un intento a medias para retirar más flores. Eso pareció distraerla lo suficiente como para que su pequeño y coqueto culo se acurrucara contra su
regazo. Sus ojos se cerraron mientras frotaba su cara contra el cuello de ella e inhalaba lentamente.

Ella no pareció darse cuenta así que lo hizo otra vez. Él juraría
por su vida que ella olía a moras y crema. Era condenadamente tentadora.
Ella gimió con irritación.

—No sé cuál es tu problema. Cometí un error al plantarlas en tu propiedad.
Sólo déjame moverlas unos pocos centímetros y todo se resolverá.
Eso lo sacó de su aturdimiento.

—¡No! —Él llegó junto a ella y comenzó a arrancar las flores. Ella maldijo en
voz baja mientras se arrastraba por debajo de él para salvar las flores que pudiera.

EL VECINO INFERNAL (Sasusaku)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora