—¡Te amo, Sasori!
Sasuke intentó arrastrar a Sakura de vuelta a su asiento, pero ella peleó contra él con uñas y dientes.
—¡Te amo, Sasori!
—¡Él lo sabe, mujer! Lo ha sabido desde la primera entrada. Deja que el
hombre se concentre —dijo, finalmente arreglándoselas para arrastrarla treinta centímetros cuando ese bastardo de Sasori Akasuna saludó a Sakura con la mano. Eso acabó con todo. Ella intentó liberarse y correr hacia el campo.
Intentando no dejarla caer mientras estallaba en risas, reajustó su asidero y tiró de Sakura hacia atrás hasta que estuvo sentada en su regazo. Mantuvo un brazo alrededor de su cintura mientras recuperaba su cerveza de manos de Naruto.
El hombre le lanzó otra sonrisa triunfante. Durante tres días Sasuke había provocado al hombre con dos entradas extras. Ya sabía que él iba a ir. Había un entendimiento tácito entre Sakura y él. Si ella intentaba irse sin él, le quemaría la casa, así de simple.
Éste era un juego de los Yankees y los Medias Rojas, por el amor de Dios.
Al tercer día de burlas el pequeño bastardo traidor había hecho que su
esposa llamara a Sakura. Pequeño soplón. Como los amigos de Sakura odiaban todo lo que tuviera que ver con cualquier deporte, invitó a Naruto y a otro amigo suyo, Hidan.
Hidan era un buen amigo y tenía un obvio enamoramiento con Sakura, uno en el que ella no parecía interesada. Eso estaba bien para él porque no creía que Hidan fuera lo suficientemente bueno para su pequeña y dulce saltamontes.
—¡Vamos! ¡Él estaba a salvo! ¡Saca la cabeza de tu trasero y presta atención!
—gritó Sakura mientras rebotaba en su regazo, desesperada por la libertad, para sin duda arrancarle la cabeza al árbitro.
De acuerdo, pensó él, riendo por lo bajo, quizás dulce era demasiado. Su
pequeño saltamontes era un pequeño petardo.
—Cálmate antes de que nos echen del estadio —dijo él, riendo.
Ella resopló y cruzó los brazos sobre su pecho a la vez que se apoyaba
contra él.
—Bastardos tramposos —murmuró ella.
—¿Porque están ganando? —preguntó él, sabiendo la respuesta de antemano.
—¡Sí!
—Relájate y te compraré un dedo de espuma ―dijo él, distraídamente
acariciándole el estómago con el pulgar mientras ella lo pensaba.
Hoy vestía una camiseta rosa sin mangas y ajustada y un sweater abierto de los Yankees y un par de shorts que le daban a él y a cada tipo un vistazo de esas doradas bellezas.
—Ya tengo un dedo de espuma en casa —señaló ella hoscamente.
—¿Entonces qué le gustaría a mi pequeña saltamontes? —preguntó,
resistiendo la necesidad de posar un beso en su espalda.
Ella lo fulminó con la mirada sobre el hombro.
—No voy a llamarte Sr. Miyagi, lo sabes.
—Sí lo harás, pero eso no es importante en este momento. ¿Qué quieres? —
preguntó a la vez que sus ojos caían en sus pequeños labios que hacían un mohín.
¿Qué demonios? Apartó la vista a tiempo para ver la sucia mirada de Hidan y la sonrisa de Naruto.
Sakura le robó la cerveza y bebió un sorbo. Se la devolvió con una mueca.
—Está caliente.
—Bueno, me tomó más de veinte minutos arrastrarte de vuelta hasta aquí antes de que pudieras saltar el muro —señaló.
—Como sea, estás arruinando mi destino —dijo ella mientras se ponía de pie. Él la dejó ir a regañadientes, pero estaba listo para lanzarse sobre ella y arrastrarla de vuelta si era necesario. A juzgar por las miradas que les estaban dando los guardias de seguridad alrededor de ellos, también estaban preparados.
Maldición, su pequeño saltamontes estaba enorgulleciéndolo. Ociosamente se preguntó si sería capaz de causar un disturbio.
—¿A dónde vas? —preguntó, queriendo que se volviera a sentar.
Había estado cómodo, maldición.
Sakura puso los ojos en blanco.
—No voy a empezar un disturbio ni nada. Tengo que usar el baño y quiero
una bebida fría.
—Oh —dijo, poniéndose de pie al mismo tiempo que hidan.
Sasuke fulminó a Hidan con la mirada, pero el hombre lo ignoró y se puso de pie de un salto.
—¿Quieres algo de compañía? —preguntó Hidan, dándole a Sakura su mejor sonrisa.
Sakura rio suavemente.
—No, estaré bien.
Hidan se sentó de mala gana. Los dos la observaron irse mientras Naruto se
sentaba allí con una expresión arrogante. Se sentaron en silencio por unos minutos antes de que Sasuke hablara.
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EL VECINO INFERNAL (Sasusaku)
RomanceHarta de ser la pusilánime más grande del mundo, Sakura decide que las cosas van a cambiar empezando por el enervante vecino que tiene mucho encanto pero no suficiente compostura. Lo que no esperaba era ser succionada hacia su mundo, pero Sakura ti...
