—Odio esto. ¿Por qué tuvimos que venir aquí? —dijo ella en un tono
altanero mientras miraba alrededor de un gran carnaval con disgusto evidente—. Si hubiera sabido que íbamos a venir aquí, me habría quedado en casa. Dios, ¿has
oído hablar de un restaurante? Ahí es donde debería estar comiendo, no algo en una barra como un patán. —Se apartó el largo cabello sobre su hombro.
Sasuke miró a Hidan que tenía la mandíbula apretada. El hombre no parecía feliz y Sasuke no lo culpaba ni un poco. Si hubiera sabido que ella iba a reaccionar así por ir a un carnaval, jamás lo habría sugerido, o al menos no la habría traído.
Personalmente, él amaba los carnavales y parques temáticos. No podía pasar por uno sin detenerse por una delicia frita y algunos paseos. Hidan era de la misma manera, y por eso estaban allí. Habían venido a pasar un buen rato. Y en su lugar,
se quedaban escuchando a esta puta y quejona mujer. Ella había comenzado tan pronto como había escuchado de los planes para la noche.
Tan pronto como lo descubrió, se plantó y exigió un buen restaurante y
bebidas. Había estado en la minoría y se le ofreció un viaje a casa. Se negó. Sasuke no tenía duda de que había decidido venir para hacer de sus vidas un infierno viviente por no lanzarse a satisfacer sus demandas.
—Podemos subir a los carros chocones o a la rueda de la fortuna —
comenzó a sugerir Hidan.
Ella cruzó los brazos sobre su pecho y miró, solo miró al hombre.
Hidan maldijo por lo bajo. Volvió su fría mirada hacia él, y no se molestó en ocultar sus ojos en blanco. Esto era ridículo. De ninguna manera iba dejarla arruinar su buen momento.
—¡Sasuke!
Se dio la vuelta y su ceño desapareció al instante, reemplazado por una
enorme sonrisa de satisfacción. Vio cómo su pequeño saltamontes caminaba rápidamente hacia él, sonriendo de oreja a oreja. Ella tenía un animal de peluche, una serpiente por lo que parecía, alrededor de su cuello, un refresco grande en una
mano y el otro brazo envuelto alrededor de una falsa espada, un oso de peluche y sostenía la más larga pieza de masa frita que había visto alguna vez, la que estaba
generosamente cubierta con azúcar en polvo.
—¡Mira lo que gané! —dijo ella, casi radiante de emoción. Era difícil creer
que alguien amara más estos lugares que él y Hidan, pero aparentemente Sakura era esa persona.
Cuando le había dicho a dónde iban a ir hoy, chilló con entusiasmo y se
lanzó a sus brazos. Él se rió tanto que casi la dejó caer. Esta era su primera cita desde que se juntaron hace una semana y gracias a Dios había elegido bien. Le hubiera gustado ser capaz de salir con ella mucho antes, pero ambos habían sido inundados con dar los exámenes finales, corregirlos, y pasar las notas. La escuela había terminado y ahora tenían un verano entero juntos.
—¡Esto es muy divertido! —dijo Sakura, pareciendo ajena o simplemente sin importarle un comino la actitud de la cita de Hidan, sospechó lo segundo.
Su pequeño saltamontes no dejaría que las cosas le molestaran.
—¿De dónde sacaste todo esto? —preguntó mientras se inclinaba para darle un beso y un bocado a esa masa.
—Oh, um —Hizo un gesto con su bebida hacia la dirección de la que
venía—, después de ir a los carros chocones no pude resistirme al juego de baloncesto o de dardos, y entonces olí la masa frita y… —Se encogió de
hombros—. Supongo que me distraje.
—Pensé que sólo ibas a ir al baño.
¡Hemos estado aquí esperándote por más de media hora! —Señaló la cita de Hidan, Sue o Jude o cómo diablos se llamaba.
A juzgar por la expresión de Sakura, había olvidado por completo el baño y
sólo recordaba que se había tenido que ir. Eso fue confirmado unos segundos después cuando empujó su bebida, comida y ganancias en sus brazos y los de Hidan, y echó a correr.
Sasuke tomó un bocado de la masa y suspiró feliz. No había duda de que
tendría que ir en busca de su pequeño saltamontes en algunos minutos hasta dar con ella cerca de algún juego o paseo, y llevarla al baño.
Hidan bajó la mirada hacia sus brazos, frunció el ceño y miró las cosas que Sasuke estaba sosteniendo.
—¿Cómo es que tienes la espada? Quiero la espada. —Extendió la mano
para enganchar la espada.
El quejón de Hidan ahuyentó su mano con la masa.
—¡Mi espada!
—Idiota —murmuró Hidan mientras miraba la espada.
Sasuke miró a su espada también y dio otro mordisco.
—Siempre podemos ir a ganar otra y tener una pelea de espadas.
—¡Genial! —dijo Hidan. Sí, ellos eran niños grandes cuando venían a los
carnavales, ¿pero a quién le importaba?
—Yo no voy a ninguna parte —dijo la cita de Hidan, con la intención de
arruinar su buen momento.
Hidan se encogió de hombros.
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EL VECINO INFERNAL (Sasusaku)
RomansaHarta de ser la pusilánime más grande del mundo, Sakura decide que las cosas van a cambiar empezando por el enervante vecino que tiene mucho encanto pero no suficiente compostura. Lo que no esperaba era ser succionada hacia su mundo, pero Sakura ti...
