epílogo

345 41 2
                                        

Caminaba por los pasillos del colegio sintiendo que las piernas le pesaban

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Caminaba por los pasillos del colegio sintiendo que las piernas le pesaban. Mauro se mordía las uñas con insistencia, un hábito que siempre aparecía cuando los nervios lo superaban.

¿La razón de tanto alboroto interno? Tiago.

Hoy era el día. Después de mucho tiempo, finalmente se sentía lo suficientemente valiente y cómodo para dar el gran paso: pedirle que fueran novios.

Había pasado exactamente un año desde aquella tarde en la que rompieron el hielo con palabras, y desde entonces, se habían vuelto inseparables. Su cercanía era evidente para todos, y el coqueteo constante ya era parte de su rutina, pero Mauro quería que fuera oficial.

Había dejado una nota en el banco de Tiago citándolo en el jardín trasero, el mismo lugar de su primer encuentro real. Al llegar, Mauro se detuvo frente a las flores y respiró profundo, tratando de calmar los latidos desbocados de su corazón.

—¿Por qué esta situación se me hace particularmente conocida? —una voz cálida y burlona resonó a sus espaldas.

Mauro se dio la vuelta rápidamente. Tiago estaba ahí, con esa sonrisa radiante que siempre lograba desarmarlo.

—Si... quizás me copié un poquito —admitió Mauro con una risita nerviosa—. Pero ya sabés, es para recordar los viejos tiempos.

—Hablás como si hubiesen pasado décadas —rio Tiago, acercándose un par de pasos.

—La verdad es que un día como hoy, hace exactamente un año, nos hablamos directamente por primera vez —Mauro se acercó y le dio un beso tierno en la mejilla, sintiendo el calor de su piel.

—¿Ya pasó tanto tiempo? —Tiago lo rodeó por la cadera con sus brazos, atrayéndolo hacia él.

—Sí, por eso quería que fuera hoy. En esta fecha especial.

—¿Y qué buscás de mí, tomatito? —Tiago arqueó las cejas con picardía, notando el sonrojo en las mejillas de Mauro.

—No es lo que creés... solo, vení —Mauro lo tomó de la mano y lo guio un poco más lejos de las puertas, buscando más privacidad entre los árboles del jardín.

Mauro soltó su mano y se giró un segundo, buscando aire. Luego se volvió, clavando su mirada directamente en esos ojos oscuros que tanto amaba. Tiago lo miraba con el ceño fruncido, divertido pero confundido.

—¿Qué pasa mau? No entiendo nada —preguntó Tiago en un susurro.

—Tiago Uriel Pacheco... —empezó Mauro, tomando aire—. Este año con vos fue, sin duda, el mejor de mi vida. El simple hecho de que me entiendas con solo una mirada me hace inmensamente feliz. ¿Quién tiene este tipo de conexión? Nadie más que nosotros. Realmente aprecio cada segundo con vos; sos increíble y me hacés sentir amado como nunca imaginé. Te amo, Tiago. Me gustás demasiado... y quería saber si aceptarías ser mi novio.

Tiago no lo dejó terminar la última frase. Se lanzó sobre él y lo envolvió en un abrazo apretado, escondiendo la cara en su cuello.

—Ay, Dios... ¡obvio que sí! —exclamó Tiago con la voz quebrada por la emoción—. Yo también te amo tanto, mi Mau.

Se separaron apenas unos centímetros para verse. Ahí

estaban otra vez: esos ojos que se conocían de memoria, esa mirada que era solo de ellos dos y que no necesitaba de diccionarios. Sonriendo, acortaron la distancia final.

Sus labios se encontraron en un beso suave, lento y lleno de promesas, sellando por fin lo que sus ojos habían gritado desde el primer día de clases en aquel banco del fondo.



FIN


°

°

°

°

Muchas gracias a todos por leer y por su paciencia, al fin pude terminar esta historia después de subirla 3 veces.

Besos y abrazos♡

   Mirada: FINALIZADADonde viven las historias. Descúbrelo ahora