Adem
Tomé una bocanada de aire. La pesa de cincuenta kilogramos en mi mano derecha sube hasta culminar su ida a la altura de mis hombros. Luego repito el ejercicio con otra del mismo peso en mi mano izquierda mientras la derecha baja al mismo ritmo.
El ambiente del gimnasio se siente fresco y ventilado. Además de mí, solo están dos señoras utilizando las bicicletas. Me gusta venir a esta hora porque el lugar se encuentra vacío.
Finalizo mi rutina de brazos para dirigirme a hacer una serie de sentadillas y luego estocadas. Soy consciente de las miradas que las señoras le dan a mi zona trasera. No podría culparlas; yo también me miraría si pudiese. Soy muy consciente de mi apariencia y de lo que esta es capaz de causarle a todos a mi alrededor.
Que conste, no hablo de narcisismo si no de realismo.
Me concentro en terminar la rutina a tiempo y me siento en el suelo para enlongar. Me doy unos minutos de descanso en lo que tomo de mi botella de agua. Un grupo pequeño de chicas entra por las puertas corredizas, todas de coleta alta y mayas deportivas de colores llamativos.
Eso quiere decir que mi hora de entrenamiento ya llegó a su fin.
—Adem, ¿no es cierto?
Levanto la vista para observar con más atención a la chica que me está hablando y poso mis ojos más arriba de lo que pensé.
—Por suerte para ti, sí —es lo dije.
Me incorporo sobre mis pies para enfrentarla, siendo ella unos pocos centímetros más baja que yo. Me tomo uno segundo para detallarla; morena, cabello corto y liso. Va distinta a las otras, con ropa suelta y de color negro, y una mirada sin amabilidad.
Le doy una sonrisa. No obstante, no recibo lo mismo de su parte, como si mi gesto amigable le resultara desagradable.
—¿Nos conocemos? —le consulté. No me considero una persona con mala memoria, pero conozco demasiadas caras. Tantas que me cuesta recordar una que otra.
—No —respondió, corto y con dureza —. Vas a mi escuela.
Rebusqué entre mis recuerdos para intentar recordarla de algún lado. Su rostro no me es familiar en ninguno que haya conocido las últimas semanas.
—¿Somos compañeros?
—Estoy en otra modalidad —contestó a modo de negación.
—Ah, con razón no te me eras conocida.
Ella no dijo nada más. Lucía pensativa aunque no me quitaba sus ojos de encima. «¿Qué es lo que buscas?», pensé en mi mente.
Me decidí por continuar —: ¿Qué modalidad? ¿Estás en electro...?
—¿Eres amigo de Mara? —me cortó ella. Su interrupción me sorprendió un momento.
—Te pregunté si eres amigo de Mara —presionó con impaciencia.
—Seria un honor para mí que Mara me aceptara como un amigo suyo, pero dudo que lo haga. Apenas nos conocemos. —Me encogí de hombros.
Veo como ella estrecha sus ojos, los cuales se oscurecen más.
—¿Te gusta?
Levanto mis cejas en expresión asombro. Sin dudas esta chica no conoce el significado de discreción, de otra forma no me preguntaría eso con tanto desdén.
—¿Y a quién no le gusta? —parafraseo como si aquello fuese obvio —. ¿A tí te gusta?
Mi duda la deja desprevenida un segundo hasta que contraataca —:¿Qué te importa?
—Cara de torta.
—No te burles de mi —rugió ella, fulminándome con enojo. Luego se dió cuenta de aquello no fué para nada amable y se recompone —. Lo siento.
—No hay de qué. —Tomo mi celular, la hora indica que ya debo estar fuera del gimnasio. Mi agenda es apretada hoy por lo que no me conviene perder más tiempo —. Debo irme ahora —le dije a la chica, dando por terminada nuestra no tan agradable conversación.
No alcanzo a dar dos pasos que ella vuelve a hablar para detenerme.
—¿Cómo está ella? —En su voz desapareció todo rastro de ira y de molestia. En realidad, lo único que pude percibir fue una carga de preocupación en sus palabras.
Cuando veo que abre su boca para agregar algo, mi lado curioso alza las orejas para no perderse ni un detalle.
—Yo... —comenzó con inseguridad, mirando sus propios zapatos. Me acerqué un poco para oír mejor —. Ya no hablamos, así que no puedo preguntarle. —Levanta el mentón para encontrarse conmigo en frente. En sus ojos hay decisión —. Pero tú estás cerca de ella. Tú puedes saber qué es lo que hace o dónde está o... si se encuentra bien. —Noté el atisbo de esperanza en ella y supe que debía darle una respuesta suficiente. Entonces, la idea de que se me acercó con el objetivo de obtener algo cobra sentido.
Su breve explicación solo alimenta todavía más mi curiosidad. ¿Quién era esta chica para Mara? ¿Qué tipo de relación tenían?
Mi padre me dijo una vez que existen momentos en los que no se puede jugar. Momentos que una broma puede quebrar la armonía que nos brinda el respeto mutuo.
Este es uno de ellos.
Pero aquí la verdadera pregunta es: ¿Qué le respondo?
«Alah mediante, ilumina mi camino.»
Si bien he observado cada reacción de mi nueva compañera desde que nos conocimos, no podría dar una respuesta concreta.
Al principio creí que había leído su personalidad de pies a cabeza. Pero los últimos días pude darme cuenta de que me equivoqué en creer que empezaba a conocerla. Hay muchas cosas ocultas detrás de esa máscara aparentemente normal.
—No lo sé —reflexioné en voz alta y le propuse —: Pero puedo averiguar si así lo deseas.
La esperanza de ella crece al escucharme aunque intenta fingir desinterés.
—Sí, como sea. Seguro está bien. Siempre lo está —murmuró en una derrota, cruzando sus brazos.
—Bien, te lo diré en cuanto me entere —prometí a modo de despedida —. Por cierto, no me dijiste tu nombre.
—Axael —se presentó, tanjante.
Dí un asentimiento.
—Espero verte pronto, Axael.
}•{
extrañé a adem en el capítulo anterior así que les regalo este extra 🖤
solo quiero decirles perdón por desaparecer otra vez. estoy muy centrada en mis estudios ya que es mi último año escolar y quiero terminarlo lo más antes posible 🥺
saluditos de parafraseo😽,
m.giskttam
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Los indeseables ©
Teen Fiction21/01/2024 #4🥇 en #mejores 20/01/2024 #26🥇 en #feminismo Mara, Adem y Ben tienen tres cosas en común: Uno: son jóvenes muy atractivos y deseables para cualquiera que los vea. Dos: son odiados por ese mismo motivo. Y tres: esconden secretos que p...
