La solidaridad es un gran acto de empatía
que puede envolverte en una situación de agonía
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Benedict volvió a incorporarse a las clases unos días después, con una salud radiante y toda la tarea hecha. Adem se había encargado de pasarle sus apuntes porque, casualmente, le había pedido su número el día que se encontraron.
Durante los próximos días no hubo inconveniente alguno; Benedict se limitaba a entregar las tareas correspondientes y Adem lo molestaba cada vez que podía; bromeando o preguntándole sobre un tema visto en clase u otro que estaba en el plan de estudios.
Al principio creí que lo que Adem buscaba era despejarse las dudas que le quedaban luego de cada asignatura. Mas con el tiempo me di cuenta de que se trataba de un tipo de táctica que él estaba implementando para lograr que Benedict se soltara más con nosotros. Lo que, a mi parecer, comenzaba a funcionar dado que este último se veía más relajado que al inicio del ciclo lectivo, cuando apenas había llegado.
Y debía de admitirlo; me resultaba fortuito, porque aquellas consultas que Adem le hacía a Benedict a veces contenían un tema que me interesaba o no había llegado a entender.
Por otro lado, mientras ellos charlaban, yo me limitaba a quedarme entre medio de ambos. Por supuesto que una que otra frase o pregunta se dirigía a mi, pero mis respuestas siempre eran simples monosílabos o se resumían en realizar gestos de afirmación o negación con la cabeza. Incluso perdí la cuenta de cuántas veces me encontré contestando con: «Genial», «bien» o «ajá».
Sin embargo, aunque aquellas fueran las circunstancias, no me parecía incómodo estar cerca de ellos o ser participé de sus conversaciones. Sonará extraño, pero oírlos hablar, indagar en lo que les interesaba, discutir sobre ello, me reconfortaba.
Asimismo nos encontrábamos en una mesa del laboratorio; aún quedaba una hora más de las cuatro que debíamos cumplir ese día. No obstante, mis nuevos compañeros eran tan rápidos al entender como al realizar los experimentos, de modo que estábamos perdiendo el tiempo; yo con mi mentón apoyado sobre mi mano y Adem haciéndole mil preguntas a Benedict acerca de cómo era estudiar aquí, en una escuela media de Latinoamérica.
—¿Tenían arte también? —indagó Adem, pensativo —. Pero si vamos a ser químicos, ¿por qué arte?
—Porque es una asignatura escolar básica. Todas las escuelas, estatales o privadas, la tienen —Benedict procedió a explicarle con simpleza —. Pero solo hasta sexto año. En séptimo, que es el último, tenemos muchas menos materias porque es un año orientado a la especialidad que elegimos. Aunque también hay otras asignaturas especiales.
—¿Cuáles son?
—Están las, por ejemplo, prácticas profesionales. Allí te enseñarán cómo es trabajar verdaderamente en un laboratorio. Estas se dividen en dos: las prácticas internas y las prácticas externas —continuaba Benedict, informando todo con detalles —. Las internas están dentro del establecimiento escolar, y se aprueban entregando informes detallados sobre lo visto en clase. Las externas, por otro lado, son prácticas en alguna empresa de la cual la escuela tiene contactos.
—Entonces, ¿las internas son un intento de reemplazo de las externas, que son el verdadero trabajo? —bromeó Adem. Era muy claro que lo había entendido todo.
Benedict sonrió, asintiendo.
—Lo que pasa es que no todos los alumnos pueden acceder a las prácticas externas. Para que una empresa te quiera como empleado a tiempo parcial, primero deben entrevistarte. Y antes de eso, los maestros deben recomendarte con el director para que él lo haga con el gerente de la empresa.
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Los indeseables ©
Fiksi Remaja21/01/2024 #4🥇 en #mejores 20/01/2024 #26🥇 en #feminismo Mara, Adem y Ben tienen tres cosas en común: Uno: son jóvenes muy atractivos y deseables para cualquiera que los vea. Dos: son odiados por ese mismo motivo. Y tres: esconden secretos que p...
