Tenemos mucho en común con los demás.
Más de lo que nos gustaría, en realidad
}•{
Ben no volvió a clases el lunes siguiente.
Aunque nuestro improvisado almuerzo culminó bien. Es decir, con Adem sacándole charla a Eliana y con Ben uniéndose con uno que otro comentario, nadie con actitud distante ni preguntas sobre desempeño académico, y con cada uno volviendo a su casa con normalidad, yo sentía que había algo raro.
Al llegar a casa, en la tarde, lo primero que hice fué lanzar la mochila a un lado, envolverme en mi mantita de felpa y acostarme sobre mi cama. Tomé una excelente siesta hasta en la noche, desperté antes de que anocheciera e hice la cena para mamá y para mi.
Mientras hervía los fideos, echándole un caldo de verduras, todo estaba tranquilo. Hasta que, por alguna razón, me encontraba pensando en lo de ese día. En cómo Ben podría ser un cabrito para sacrificarse en las próximas semanas...
o días...
u horas.
«¿Y a tí que más te dá? Apenas sí lo conocés» pensé, anteponiendo eso para quitarme de la cabeza ese pensamiento.
Durante el atardecer del sábado, como me pasé el día lavando la ropa de cama, obvio debía destenderlo todo. Cuando terminé de quitar la última sábana y colocarla en el bulto sobre mi otro brazo, mi mente me recordó cómo Ben se había esforzado por comunicarse con nosotros. Cómo le costó al principio hasta que consiguió gesticular oraciones que no sean monosílabos.
«Tal vez fué una trampa para que le tengas empatía. Es hombre. Los hombres son tramposos».
Por segunda vez, sacudí mi cabeza de un lado al otro para desterrar esos pensamientos invasivos.
El domingo por la noche estaba cansada, pues había escrito el primer ensayo para una de las asignaturas que más me costaban. Esa en especial era un calvario. Así que al terminar cepillé mis dientes, tomé un baño y me acosté dejándome caer sobre la cama. Mis párpados se cerraron de a poco hasta caer en los brazos de Morfeo.
En el sueño mi imaginación me llevó a un lugar, que no era acolchonado ni cálido como mi preciada cama. Sino en un oscuro lugar aledaño. Un lugar con clima frío. El gélido viento me traspasó como una furia invernal al mismo tiempo que intentaba cubrirme como podía con mis brazos.
El manto de oscuridad cubría la vegetación y la fauna del bosque. No escuché más que el sonido de los cuervos, hasta que a lo lejos ví un chico pálido y castaño, vestido con ropa de los años veintes, corriendo desesperado como si su vida se fuese a acabar si paraba un segundo. El temor claro en sus ojos castaños mientras estaba siendo perseguido por muchas personas con antorchas luminosas y tridentes muy afilados como si fuese un hereje.
Desperté y maldije en voz alta con todas mis ganas.
Allí me dí cuenta de que mi mente estaría en constante juicio, sentenciando a mi cotidianidad a no tener paz. La preocupación me carcomía los sesos.
«¡NO!»
«¡Se supone que me debe importar un rábano!»
ESTÁS LEYENDO
Los indeseables ©
Dla nastolatków21/01/2024 #4🥇 en #mejores 20/01/2024 #26🥇 en #feminismo Mara, Adem y Ben tienen tres cosas en común: Uno: son jóvenes muy atractivos y deseables para cualquiera que los vea. Dos: son odiados por ese mismo motivo. Y tres: esconden secretos que p...
