Una historia alternativa de cómo hubiera sido si Daki y Gyuntaro hubieran recibido ayuda en sus momentos de más necesidad. Lo que hubiera podido pasar si hubieran conocido que alguien era capaz de amarlos sin importar nada.
(HISTORIA ALTERNATIVA Y C...
-¡Ume!- volvía a la finca con muchas telas de diferentes colores y formas- ¡Niños!- los llame y escuche unos pasos viniendo hacia a mí- buenos días dormilones- sonreí mientas dejaba las bolsas en el suelo- acá traje telas para hacerles unos lindos kimonos y yukatas. Pero antes voy a hacer el desayuno.
-¡Sí! ¡Mi vestido, mi vestido de princesa!- saltaba de felicidad la albina mientras que el muchacho se pasaba la mano por sus ojos.
-Todavía hay nieve, así que no salgan. No quiero que se enfermen- les di un mimo a cada uno en la cabeza levemente y me fui a la cocina para cocinar, sentía como los pequeños estaban jugando o explorando la casa. Hasta que finalmente tuve la comida lista, los tres nos sentamos a desayunar en silencio junto al fuego y ellos seguían comiendo de manera apresurada- todavía queda mucho- dije sonriendo- coman despacio así no se ahogan- ellos miraron la comida un momento y empezaron a degustarla despacio.
-¡Trajiste muchas telas princesa!- dijo la pequeña albina.
-Si- sonreí- no sabía que les gustaría, así que traje bastantes- tome un sorbo de mi té.
-Pareces alguien muy humilde para tener tanto dinero- dijo Gyuntaro mirándome con frialdad- ¿de qué trabajas?
-Soy una curandera- lo mire tranquila- viví en un pueblo hace algunos años, una mujer me enseño todo lo que sé y me dedico a viajar por otros lugares para ayudar a las personas.
-¿Y cómo llegaste hasta esta casa?
-Un terrateniente me necesitaba. Pero resultaba que mi madre ayudo a su familia hace muchos años, cuando supo quién era me agradeció por haberlo curado y me dio esta casa como un obsequio.
-¿Y en qué los ayudo su madre?- estaba indagando, sabía que era desconfiado.
-Te voy a contar un secreto Gyuntaro- lo mire dulcemente- Ume ya lo sabe, pero quiero contártelo a también- levante un poco mi cabello de mi frente para que viera el símbolo- soy la princesa de la luna- el chico abrió los ojos- y mi madre es la reina de la luna.
-¡Eso no existe!- sé enojo- ¡es un cuento de hadas! ¡No hay gente en la luna! ¡Eres una mentirosa!
-¡No le digas eso a la princesa hermano!- se enojo la albina- ¡Ella sí es la princesa!
-¡Qué lo pruebe!- me miro desafiante el niño, yo mire su brazo. Al parecer tenía una lastimadura que no había visto, tenía un poco de color infeccioso, pero debe ser porque no ha sido tratada correctamente. Me acerque a su lado y señale su brazo- ¿qué?
-¿Puedo?- puse mis manos cerca de la herida y el pequeño no se negó- no sentirás nada- coloque mis manos y cómo siempre sucedía...mis manos comenzaron brillar.
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El pequeño no se movía, solo sentía y miraba como su herida poco a poco desaparecía como si nunca hubiera existido. Yo estaba concentrada en curarlo, ya que seguramente desde hace mucho tiempo debía haber estado maltratado y herido. Solo quería que ambos estuvieran bien.