Capítulo 10

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—¡Ya era hora! —exclamaba Isa al otro lado del teléfono con esa energía suya que siempre parecía recién salida del sol—

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—¡Ya era hora! —exclamaba Isa al otro lado del teléfono con esa energía suya que siempre parecía recién salida del sol—. Juro que si no me haces tía o de menos te casas con él, nuestra amistad se acaba.

Aquella amenaza habría resultado cómica… si no fuera porque justo frente a mí estaba él. Lando. Castaño, sonrisa arrogante, mirada cálida. Como si fuera su mundo y yo solo viviera en él.

—No, pues gracias, Isa —sonrió al escucharla saltar de emoción.

—¿Te imaginas? Dos pequeños, corriendo por los paddocks. Estoy segura de que Lando sería un buen padre.

Vi cómo su rostro se encendía poco a poco, como si Isa hubiera encendido un farol dentro de él.

—Tranquila, Isa, no tengo planes de tener hijos tan rápido.

—Pero, ¿y casarte? No olvides nuestro acuerdo: a los 27. Y tú ya casi llegas —canturreó con picardía.

—Éramos unos niños cuando lo dijimos —justifiqué, lanzándole a Lando una mirada tímida. Él me devolvió una sonrisa que me hizo olvidar por un segundo dónde estábamos—. Pero me lo voy a pensar.

—Bueno, mejor me detengo antes de adelantarte el final. Solo… me alegra que por fin se estén dando la oportunidad.

Suspiré, y no por tristeza. Era un suspiro lleno de certeza, como si por fin el caos tuviera sentido.

—Supongo que ya era tiempo —murmuré—. Todo va lento, sin presiones. Como debe ser.

—¿Y Carlo lo sabe? —preguntó Isa con esa curiosidad que no se le quitaba ni con los años.

—Vamos poco a poco. No le he dicho nada aún.

—No lo escondas tanto, sabes cómo es él con los secretos…

—Lo sé —admití, bajando la mirada.

Mi pecho se encogía. Mentirle a mi tío Carlo era como romper una promesa escrita en la piel. Pero ahora mismo… prefería vivir en esta burbuja, incluso si se rompía mañana.

—Solo no intentes uno de tus planes locos —dijo Isa divertida.

—¿Quién, yo? Claro que no —respondí, conteniendo la risa. Lando me miró como si pudiera ver mi travesura flotando en el aire.

—Te conozco demasiado. Sé que ya lo tienes pensado. Esta vez… cuida tu corazón, ¿sí?

—Prometido.

Sí, tenía un plan. De película. De esos que sabías que podrían fallar, pero igual los hacías porque el amor era terco. Un amor clandestino, odiándonos en público y queriéndonos a escondidas. Lo sé, muy cliché. Pero también, muy nosotros.

—Tengo que seguir disfrutando de este paraíso —suspiró Isa.

—Hablamos luego —le respondí con una sonrisa.

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