Capítulo 13

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La casa de los Lando estaba situada a las afueras de Londres, en un pueblito acogedor y encantador, de esos que parecen sacados de un cuento, con calles empedradas y casitas con jardín delantero

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La casa de los Lando estaba situada a las afueras de Londres, en un pueblito acogedor y encantador, de esos que parecen sacados de un cuento, con calles empedradas y casitas con jardín delantero. Lando, me lo mencionó una vez, pero jamás pensé que llegaría a estar aquí, fingiendo ser su novia.

Y mucho menos, quedarme un fin de semana completo.

— ¿Un fin de semana entero, Lando? —reclamé en voz baja al bajarnos del coche—. ¿En qué parte del acuerdo decía “fin de semana completo en casa de tus padres”?

— Se me olvidó mencionártelo —murmuró mientras sacaba las maletas del maletero—. Pero ya tenía todo bajo control, Leslie te eligió ropa perfecta para el clima… y para mi madre.

— ¿Leslie? ¿La asistente que odia mis zapatos?

— Esa misma. Pero tiene buen gusto, admítelo.

Bufé. No tenía caso discutir eso ahora. La verdad es que la ropa era preciosa.

Cuando nos acercamos a la puerta, la madre de Laurence ya nos esperaba en el umbral, con una sonrisa cálida y ojos brillantes. Me estiré la falda azul marino y apreté la caja del vino con una mano y el pequeño ramo con la otra.

— ¡Mamá! —llamó Lando, con un tono entre emocionado y nervioso—. Ella es Carmen.

La mujer bajó el escalón y se acercó, con un abrazo dispuesto que me dejó sin escape.

— ¡Por fin! —exclamó—. Ya era hora de que mi hijo trajera a casa a alguien que no fuera un trofeo. Bienvenida, cariño.

— Mucho gusto, señora Laurence. —Sonreí profesional y segura—. Traje estas flores, supe que le gustan las peonías. Y el vino favorito del señor Laurence. Pensé que sería un bonito detalle.

Sus cejas se alzaron, sorprendida.

— ¡Qué atenta! Lando, cuídala, que ésta no se te escapa.

La incomodidad en su rostro fue evidente, pero yo sólo sonreí. El papel debía hacerse bien.

 El papel debía hacerse bien

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