Fecha desconocida
Milagrosamente encontré este búnker. Estaba huyendo de esas... Cosas. ¿Cómo describes una criatura que no habías visto antes? Da igual. Sea lo que sean, si alguien más que yo está leyendo este... Diario, seguramente saben cómo y qué son.
Y estoy seguro de que también saben que no fue lo que detuvo nuestro mundo. No son la única pesadilla ahí afuera, arrastrándose, corriendo, volando... A veces ni siquiera sabes lo que están haciendo, pero sabes que te persiguen. Que te quieren... No, no sabemos lo que quieren. Algunos mueren, otros desaparecen. Es algo que depende del individuo o el ser. Pero eso ya lo sabes, quien quiera que hayas sido o quien quiera que seas. Seguro sabes tan bien como yo que el mundo se desmoronó. Fué algo que inició antes de que yo naciera, así que he vivido en este mundo por... Bueno, no lo sé. Hace mucho que la noche dejó de existir. Nadie recuerda por qué sucedió, pero una vez que amaneció por última vez, sucedió el caos. Fue el inicio.
Fecha desconocida, tiempo después.
Bueno, he mentido. No fué un caos. Fue algo progresivo, pero no lento. Como subir una montaña. Tienes que avanzar sin parar, pero si te detienes o desaceleras, perderás impulso y energía. Hay que avanzar sin parar a una velocidad constante.
Según lo que mi madre me contó, empezó con la desaparición de la noche. Un día simplemente dejó de atardecer, y de repente el mundo se iluminó. Todo se llenó de luz, y aunque nadie quedó ciego, dormir se volvió difícil, casi un lujo... Después, llegó la niebla. Era una espesa vaharada, que venía del... ¿Era el este? No recuerdo bien lo que me contaron. Pero si, llegó una niebla espesa, tan espesa que oscurecía el paso del sol. No, no era niebla volcánica. Eso hubiera implicado que el mundo aún siguiera teniendo temperatura. Oh, olvidé mencionarlo. De repente, el calor desapareció. Nadie podía sentir la temperatura del mundo, y no había termómetro que pudiera decirnos que tanto calor hacía afuera. El agua no se congeló, y aún se podía hacer fuego, pero nadie podía sentir calor o frío. Hay quien dice que fue una enfermedad, otros creen que fue una reacción a la repentina e inexplicable niebla. Nadie sabe que fue, y probablemente nadie nunca lo sepa... Los muertos no aprenden.
Ha pasado un tiempo.
Me gustaría decir que extraño algo del viejo mundo, pero no hay un viejo mundo que pueda recordar. Lo más cercano puede ser recordar cuando las luces se quedaban en el cielo. Cuando las estrellas no eran ojos gigantes, que analizaban el mundo, miraban a todas partes... Cazaban. Son horribles. Gigantes, inyectados en sangre y levitadores. Flotan por ahí, girándose de forma aleatoria hasta encontrar sus presas... Los seres vivos. Son horribles. Cada vez que los miras y ellos logran mirarte a ti, pierdes vida. Es así de simple. Pierdes vida. No hay otra forma de explicarlo. Tu piel se desprende, tus músculos se pueden y tus ojos se secan. Cada parte de tu cuerpo pierde aquello que las hace sentirse vivas, hasta que simplemente te deshaces. Y entonces crecen. No sé cómo, pero crecen. Crecen tanto como el tamaño que tenía la persona. Antes de llegar aquí, recuerdo haber visto una luna. Así es como recuerdo que le decían mis padres al astro que a veces ocultaba el sol. Pero eso no era una luna. Era inmenso, era un solo ojo. Un solo ojo, con la sombra del tamaño de una casa... No me miró, pero lo ví unos segundos... Y recuerdo que ese día perdí la esperanza.
Más horas han pasado.
Ese día me di cuenta de que nadie puede vivir en este mundo, que cada año nos lanza cosas peores. Los ojos son la llamada "octava ola". Mis padres decían que la primera ola fue la muerte de la luna. El día eterno. El último amanecer. Un amanecer tan crudo, ardiente e interminable que se dice que consumió bosques. Recuerdo que me hablaban de la segunda ola, la enfermedad. Nadie sabe de dónde salió, pero de repente, los hospitales se volvieron las estructuras más peligrosas de la tierra. Al principio nadie lo creía, hasta que visitaban a un pariente o amigo. Habían barricadas, pero no eran para mantener a las personas afuera... Era para mantener la enfermedad encerrada. Nadie sabe con certeza cómo se transmite, pero sabemos que parece venir con cualquier enfermedad terminal. En el momento en el que una persona está por morir, hay que quemarla. Eso hicimos con el abuelo, con mi hermana... Y mi padre. Los medios dijeron que lo hiciéramos, y así lo hicimos. No creíamos en las noticias después de la primera ola... Pero tampoco queríamos descubrir porque nos recomendaban eso.
Además, no es como si los medicamentos abundaran en un mundo donde no puedes entrar a hospitales.
Es el mismo día, pero en otro momento.
La tercera ola fue la que mi padre más odió. La niebla. Ya... Ya he hablado sobre ella, y como vino junto a la repentina desaparición de la temperatura. Nadie podía experimentar la temperatura, y aún no puedo. Al menos la niebla solo aparece de vez en cuando y de forma aleatoria. Pero no debemos salir. Las cosas en ella... Nadie ha muerto estando en la niebla, al menos hasta donde sé... Pero los gritos... Oh amigo... Los gritos... Odio, agonía, pena... Todas las emociones en un mar de sonido que agita de incomodidad y temor cada uno de los huesos de nuestro cuerpo... Odio pensar en eso, odio pensar en la niebla... No sé ni siquiera por qué escribo esto. ¿Quiero advertir a alguien? ¿Quiero que recuerden que existí? Ambas son poco probables... ¿Cómo puedo advertir a alguien? ¿Quién puede estar en este mundo y no saber de las pesadillas que lo habitan? ¿Y cómo pretendo que me recuerden, si yo mismo no recuerdo mi nombre?
Tal vez han pasado unas horas.
Las memorias son un lujo en este mundo. Esto sí sabemos por qué fue. La cuarta ola, la primera ola artificial. Dicen que había algo en el ambiente, una... Cosa. Algo que nos atrapaba, que nos quería eliminar, y para eso, primero debía acabar con nuestros conceptos. Si, nuestros conceptos. Debía saber quiénes éramos para poder destruirnos. Afortunadamente, si no sabemos quiénes somos, no podían eliminarnos... Pero... ¿Es posible ocultarle algo a alguien que lee mentes? Borrando ese algo. Todo lo que alguna vez nos hizo nosotros, todo lo que nos volvía individuos... Desapareció de nuestra memoria. Si. Conservamos las memorias, pero tras la inyección, todos perdimos todo lo que nos hacía nosotros mismos. Pero funcionó. Nadie de nuestro pueblo murió por la bestia, o las entidades, o lo que fuera que cazaba por nuestros nombres. Pero los hospitales seguían siendo un lugar horrible. A veces... Ellos escapaban. Y entonces ellos se volvían la enfermedad. Eso decían las noticias, pero puedo saber que algo malo pasó en la casa de mi amigo José. Su tío estaba ahí, lo tenían oculto, no querían que se lo llevaran para quemarlo.
Un día, José dejó de responder al teléfono, y no pudimos ir a buscarlo. La quinta ola había empezado.
¿Cuánto tiempo llevo aquí?
Mi familia estaba bien. Pero no lo estuvimos por mucho. Vivir en un mismo lugar fue un error, cuando la marea llegó. Eran ejércitos, millones de insectos de todos los tamaños y formas, que viajaban en dirección al oeste. No avanzaban rápido, pero por dónde pasaban, no quedaba nada. Quedarse más de dos meses en el mismo lugar implicaba que serías atrapado... Y yo ya no puedo escapar. Estoy aquí atrapado, en este búnker. No sé cuánto tiempo podré vivir aquí, pero probablemente sea más del que duraría allí afuera... ¿Pero acaso es eso bueno?
Hay golpes en la puerta.
Las puertas se abrieron en la sexta ola. Había una ola por año, de forma que pasaban algunos tiempos de paz y de costumbre antes de que de repente todo se volviera loco. Las puertas eran... Eran las propias estrellas. O al menos eso decían los noticieros, antes de que los mares de insectos los arrasaran. De las estrellas bajaron criaturas, bajaron seres cuadrupedos inmensos, hormigas gigantes y humanos, pero no eran humanos. Sus ojos no eran normales, su piel cambiaba y sus garras tan filosas cómo cuchillos. Decían venir en paz, pero era demasiada coincidencia. Fueron atacados, y ellos respondieron. Nos volvimos sus presas en nuestro propio planeta. Nos cazan, con tecnología fuera de nuestra comprensión y habilidades superiores, con las cuales solo podíamos soñar... Garras capaces de atravesar metal, golpes con la fuerza de un camión y tenazas que parten en dos un roble. Espero que no me hayan visto escondiéndome en este búnker... Porque sería mi final.
Mi mente se va... ¿Es la treintava ola? ¿O es solo mi soledad?
Ola tras ola, pesadilla tras pesadilla, todo pasa demasiado rápido, no sé cuánto tiempo pasa, pero sé que no es misericordioso... Cada ola es más extraña que la anterior, pero no por eso más aterradora o peligrosa... Pero lentamente han consumido nuestro mundo y nuestras mentes... Solo soy un caparazón sin vida, que mira por las cámaras, observando pesadillas caminando, olas que se detienen y almas que ruegan por piedad, antes de alejarse. La única piedad en la que puedo pensar ahora... La única paz que podemos tener... No nos sería verdadera. Es un paso a lo desconocido que nadie quiere dar... Pero que todos algún día tendremos que alcanzar… Cada vez… Cada vez deseo más dar ese paso… Si esta es mi última entrada… Es porque dí ese paso. Atravesé la puerta.
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Relatos varios
RandomFanfics, dedicaciones e historias que se me ocurren de vez en cuando. ¿Quieres una historia? ponte en contacto conmigo, y en una semana o dos, tendrás un bonito texto de dos a cinco páginas basado en tu pedido. Desde relatos cortos llenos de intriga...
